Los modelos climáticos mejoran la previsión de grandes tormentas, pero aún fallan al calcular la lluvia extrema

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El Paseo de La Barceloneta antes de un temporal mediterráneo

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Los modelos climáticos de última generación han dado un importante salto adelante en la representación de las grandes tormentas capaces de provocar lluvias torrenciales e inundaciones. Estas nuevas herramientas, con una resolución mucho mayor que los sistemas tradicionales, permiten observar la evolución de los fenómenos atmosféricos con un nivel de detalle hasta ahora inédito. Sin embargo, todavía mantienen una limitación fundamental: no consiguen calcular con suficiente precisión la cantidad real de agua que descargan estas tormentas ni la extensión exacta del territorio afectado.

Así lo recoge una investigación publicada este martes en la revista científica Advances in Atmospheric Sciences, elaborada por equipos de la Academia China de Ciencias Meteorológicas, la Universidad Normal de Pekín y la Escuela Politécnica Federal de Zúrich. El estudio concluye que seis modelos climáticos globales de escala kilométrica han mejorado notablemente la simulación de los episodios tormentosos extremos, aunque siguen mostrando errores a la hora de representar la distribución de las precipitaciones.

Según los investigadores, estos sistemas suelen concentrar la lluvia en superficies demasiado pequeñas y generan núcleos de precipitación más intensos de lo que ocurre realmente. Es decir, aunque consiguen identificar mejor dónde aparecen las tormentas y cómo se desplazan, todavía tienen dificultades para reproducir con exactitud el comportamiento completo de estos fenómenos.

El verano de 2020 en Asia oriental, como caso de estudio de las tormentas

La investigación fue dirigida por el Instituto de Física Atmosférica de la Academia China de Ciencias y se centró en un periodo especialmente relevante: el verano de 2020 en Asia oriental. Durante esos meses, China, Japón y Corea del Sur sufrieron episodios de lluvias extraordinarias que provocaron inundaciones importantes y numerosos problemas asociados a las crecidas rápidas de ríos y cauces.

Los científicos analizaron cómo los modelos eran capaces de reproducir esos grandes sistemas tormentosos y compararon sus resultados con las observaciones reales. Aunque el área estudiada fue Asia oriental, las conclusiones tienen implicaciones internacionales, ya que los seis modelos evaluados forman parte de una nueva generación de herramientas climáticas desarrolladas dentro de una iniciativa del Programa Mundial de Investigación del Clima (World Climate Research Programme).

Estos modelos están diseñados para mejorar la capacidad de los científicos a la hora de estudiar tormentas intensas en diferentes regiones del planeta. Los autores consideran que han alcanzado un punto de desarrollo muy importante, pero señalan que todavía presentan errores que deben corregirse antes de utilizarlos como referencia totalmente fiable para anticipar impactos extremos.

Uno de los principales avances de estos modelos es su capacidad para trabajar con una resolución aproximada de 2,8 kilómetros. Esta escala permite representar la atmósfera con mucho más detalle que los modelos climáticos convencionales, que durante años han tenido dificultades para reflejar fenómenos pequeños pero muy intensos, como determinadas tormentas organizadas.

Gracias a esta mayor definición, los investigadores pueden estudiar con más precisión procesos atmosféricos que antes aparecían demasiado simplificados. La evolución de una tormenta, su desplazamiento y la forma en la que se estructura la precipitación pueden analizarse ahora con una visión mucho más cercana a la realidad.

Sin embargo, el estudio demuestra que aumentar la resolución no elimina todos los problemas. Los seis modelos analizados comparten varios errores: generan más sistemas tormentosos de los que se observan, representan tormentas con una duración más corta, reducen demasiado la superficie afectada por la lluvia y concentran las precipitaciones más intensas en zonas demasiado limitadas.

Saber cuánto llueve, una cuestión clave para prevenir inundaciones

Los científicos recuerdan que para evaluar el riesgo de una tormenta no basta con conocer su existencia o saber que puede ser intensa. La información decisiva para la prevención está en determinar cuánta agua puede caer, durante cuánto tiempo continuará la precipitación, qué territorio afectará y con qué intensidad se producirá.

Estos datos son esenciales para la gestión de ciudades, infraestructuras, zonas rurales, cauces fluviales y áreas especialmente vulnerables. Una estimación incorrecta puede modificar la previsión del peligro y dificultar la preparación ante posibles inundaciones.

Por este motivo, mejorar la representación de la duración, el tamaño y la intensidad de las lluvias se ha convertido en uno de los grandes objetivos de la investigación climática actual.

El trabajo también se relaciona con uno de los grandes retos derivados del cambio climático: anticipar mejor los fenómenos meteorológicos extremos. En un planeta con temperaturas más elevadas, las lluvias torrenciales y las inundaciones repentinas se han convertido en una preocupación creciente para muchas regiones.

Los autores destacan que los modelos climáticos globales de escala kilométrica representan un avance significativo, pero insisten en que todavía necesitan ajustes para convertirse en herramientas plenamente fiables. Su mejora será fundamental para diseñar estrategias de adaptación y prevención frente a episodios extremos cada vez más complejos.

España y la dificultad de medir grandes acumulados de lluvia

La importancia de conocer con precisión la cantidad de precipitación quedó patente recientemente en España. Según un análisis de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), entre el 1 de enero y el 12 de febrero de este año cerca de 400 municipios superaron los 500 litros por metro cuadrado acumulados.

Durante ese mismo periodo, al menos 38 estaciones de la red climática de la agencia pública registraron récords históricos de lluvia para esas fechas. Estos datos muestran que la dificultad no está únicamente en prever la llegada de borrascas o tormentas intensas, sino en calcular con precisión cuánta agua aportarán y sobre qué zonas concretas.

El episodio más destacado tuvo lugar en Grazalema (Cádiz), donde el 4 de febrero se alcanzaron 577 litros por metro cuadrado en solo 24 horas, una cifra récord para el municipio y una de las mayores cantidades diarias registradas en España durante este siglo. Además, la estación gaditana acumuló 1.295,5 litros por metro cuadrado únicamente durante el mes de enero.

Estos valores reflejan cómo la sucesión de episodios de lluvia intensa puede saturar los suelos, aumentar la escorrentía y elevar el riesgo de inundaciones. Precisamente por ello, los avances en los modelos climáticos buscan no solo predecir dónde aparecerán las tormentas, sino ofrecer una imagen cada vez más exacta de sus consecuencias reales.

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