La mortalidad infantil aumenta: 4,9 millones de niños mueren antes de los cinco años por causas evitables

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Una mujer sostiene a un bebé recién nacido dentro de la sala de parto de un hospital en el estado de Sokoto, Nigeria.

Lectura fácil

Para entender la magnitud del problema, no basta con leer la cifra; hay que comprender la métrica. La Tasa de Mortalidad Infantil en Menores de Cinco años (TMM5) es el indicador que mide la probabilidad de que un niño muera antes de su quinto cumpleaños. 

En este 2026, aunque el número absoluto ha bajado respecto a décadas anteriores, el ritmo de mejora se ha detenido. Lo que estamos viendo es un "suelo de cristal" que la comunidad internacional no logra romper. De esos 4,9 millones, casi la mitad (2,3 millones) mueren en su primer mes de vida. Esto nos indica que la mortalidad infantil no es solo un problema de salud pública general, sino específicamente de atención neonatal y cuidados durante el parto.

El peso de lo "prevenible"

Lo que hace que estos datos sobre mortalidad infantil sean especialmente difíciles de digerir es que las causas principales siguen siendo las mismas de hace veinte años: neumonía, diarrea y malaria. Son patologías que en Europa o América se tratan con una visita a la farmacia o un centro de salud, pero que en vastas zonas del Sur Global siguen siendo sentencias de muerte.

La falta de agua potable, el saneamiento deficiente y la desnutrición actúan como multiplicadores de riesgo. En una sociedad donde el 90 % de los ciudadanos respalda la tecnología sanitaria avanzada, resulta irónico que el mayor avance que necesitamos no sea un nuevo robot quirúrgico, sino la distribución masiva de sales de rehidratación oral y mosquiteras.

La brecha geográfica: lotería por nacimiento

El informe de la ONU es tajante: el lugar de nacimiento sigue siendo el factor de riesgo más determinante. Un niño nacido en África Subsahariana tiene 18 veces más probabilidades de morir antes de los cinco años que un niño nacido en una región de ingresos altos.

RegiónPorcentaje de muertes globalesDesafío principal
África Subsahariana56 %Fragilidad de sistemas de salud y conflictos.
Asia Meridional25 %Densidad poblacional y saneamiento.
Resto del Mundo19 %Desigualdades internas y zonas en conflicto.

Esta disparidad es la prueba de que el estancamiento no es técnico, sino político y económico. La inversión en salud primaria se ha visto desplazada por otras prioridades globales, y los efectos secundarios de la inestabilidad económica de los últimos años han golpeado con más fuerza a los sistemas de salud más frágiles.

Crisis climática y conflictos, los nuevos verdugos

En 2026, no podemos obviar el papel del cambio climático en estas cifras de mortalidad infantil. Las sequías prolongadas en el Cuerno de África y las inundaciones recurrentes en el Sudeste Asiático han destruido infraestructuras sanitarias y han provocado brotes de cólera. A esto se suma el impacto de los conflictos armados, que desplazan a millones de personas y dejan a los niños sin acceso a calendarios de vacunación básicos.

En zonas de crisis, el estrés se traduce en una interrupción total de los cuidados prenatales. Una madre que huye de la guerra no tiene acceso a una ecografía o a un parto seguro, y eso se refleja directamente en la mortalidad neonatal.

¿Hacia dónde vamos? La urgencia del 2030

Estamos a solo cuatro años de la fecha límite para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Si la tendencia de estancamiento actual continúa, 59 países no alcanzarán la meta de mortalidad infantil. Para revertir esto, la ONU estima que se necesita una acción colectiva que priorice el empoderamiento de los trabajadores de salud comunitarios.

Deberíamos preguntarnos por qué no estamos incentivando con la misma fuerza la creación de redes de enfermería y matronas en las zonas más vulnerables del planeta. La tecnología está ahí, pero la voluntad de llevarla a la última milla parece haberse agotado.

Así las cosas, los 4,9 millones de muertes infantiles en 2026 no son una estadística inevitable del progreso humano; son un recordatorio de que hemos fallado en distribuir la equidad. Mientras el código postal siga siendo más importante que el código genético para sobrevivir a la infancia, el mundo no podrá presumir de ser verdaderamente avanzado.

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