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La prescripción social basada en la naturaleza puede ayudar de forma significativa a reducir la soledad entre personas adultas que viven en barrios socioeconómicamente vulnerables. Así lo confirma un ensayo clínico pionero realizado en Barcelona por el consorcio europeo Recetas, liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) —centro impulsado por la Fundación “la Caixa”—. La investigación, publicada en la revista científica ‘The Lancet Regional Health – Europe’, evidencia el gran potencial de conectar a la ciudadanía con el entorno comunitario y los espacios verdes para promover el bienestar emocional colectivo.
Un problema de salud pública de alcance nacional
La soledad se reconoce cada vez más como un problema de salud pública de primera magnitud, con severas consecuencias tanto para la salud física como para la salud mental. En España, alrededor de un 20 % de la población declara experimentar este sentimiento. Ante este escenario, la prescripción social busca abordar las necesidades sociales y emocionales conectando a las personas con recursos, redes comunitarias y actividades disponibles en sus propios vecindarios.
El papel clave del contacto con la naturaleza en el bienestar emocional
En concreto, la prescripción social basada en la naturaleza (PSBN) incorpora de manera intencionada el contacto con el medio natural mediante dinámicas grupales e itinerarios en parques, jardines u otros espacios al aire libre. El proyecto Recetas, financiado por la Unión Europea, puso a prueba la intervención Friends in Nature (FiN), un modelo que combina la actividad grupal con el apoyo entre iguales y facilitadores.
Según explica Laura Coll-Planas, primera autora de la investigación e investigadora de la Universidad de Vic (Barcelona), el modelo articulado en FiN integra distintas herramientas de salud comunitaria: “Combina distintas estrategias: crea grupos con apoyo entre iguales, ofrece oportunidades de socialización reforzadas por experiencias en la naturaleza y un proceso de empoderamiento”. De este modo, la interacción al aire libre fomenta la creación de vínculos comunitarios sólidos.
Dos metodologías evaluadas en barrios vulnerables de Barcelona
El ensayo reclutó a 320 personas adultas de 18 o más años que experimentaban soledad en 12 barrios socioeconómicamente vulnerables del área metropolitana de Barcelona. La muestra presentó una mediana de edad de 63 años y el 80% eran mujeres.
Para comparar la efectividad de los distintos enfoques, el estudio asignó a los participantes dos modalidades de apoyo:
- Programa FiN guiado por facilitadores: A la mitad se le asignó el programa FiN, con sesiones en grupos reducidos de dos horas semanales durante nueve semanas, acompañadas por facilitadores formados. Las sesiones combinaban dinámicas de grupo y apoyo entre iguales con actividades al aire libre en el entorno local, incluyendo jardines, parques, zonas fluviales, áreas costeras y lugares del patrimonio cultural. El catálogo de opciones se desarrolló con agentes locales y aportaciones de los usuarios.
- Intervención ligera autónoma: La otra mitad recibió una entrevista motivacional de 30 minutos e información sobre actividades en la naturaleza disponibles en su barrio, para realizarlas de forma independiente.
Resultados de la intervención según el perfil emocional inicial
La soledad disminuyó en todas las personas del estudio: un 10,5 % de media a los tres meses y un 16,8 % al cabo de un año, sin diferencias significativas entre ambos grupos a los tres meses ni cambios destacables en la calidad de vida relacionada con la salud.
Sin embargo, un análisis más detallado reveló una diferencia importante según la situación inicial. Quienes presentaban mayores niveles de soledad y peor bienestar emocional se beneficiaron más de los grupos FiN con facilitador. En cambio, entre quienes tenían menos soledad y mejor bienestar emocional, el enfoque ligero —la entrevista y la orientación hacia actividades locales en la naturaleza— produjo reducciones comparables.
Adaptar los programas comunitarios según las necesidades de cada colectivo
Los resultados sugieren que no existe una única estrategia contra la soledad que funcione igual para todo el mundo. Las personas con mayores dificultades emocionales y sociales necesitan el apoyo entre iguales, las dinámicas de grupo y la facilitación de FiN, mientras que otras se benefician simplemente al acceder a oportunidades ya existentes en sus comunidades.
Asimismo, los resultados de Barcelona difieren de los de otro ensayo de Recetas realizado en Helsinki con personas mayores frágiles en residencias asistidas. Allí, la intervención FiN logró mayores reducciones de la soledad que el grupo control y mejoró la calidad de vida relacionada con la salud. Las diferencias entre ambas poblaciones refuerzan la importancia de adaptar los programas centrados en la naturaleza a las necesidades y circunstancias de las personas a las que están destinados.
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