El ozono pone en riesgo la salud de casi el 40 % de la población mundial en 2026

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Número de días con alerta de polvo atmosférico entre el 1 de enero y el 15 de septiembre de 2026 en todo el mundo

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Casi un 40 % de la población mundial ha estado expuesta a lo largo del presente año a niveles peligrosos de ozono troposférico, un contaminante secundario de alto riesgo que suele pasar desapercibido en el debate público. Esta sustancia nociva no se emite de forma directa, sino que surge cuando determinados contaminantes precursores reaccionan químicamente bajo la acción de la luz solar y la presencia de altas temperaturas. Así lo revela el nuevo informe analítico global titulado ‘Atmosphere Watch’, elaborado por el Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus (CAMS), gestionado por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio en representación de la Comisión Europea.

Los datos analizados ofrecen una visión integral de la calidad del aire y de los episodios de contaminación transfronteriza registrados durante los primeros ocho meses de 2026. La investigación se centra en tres elementos contaminantes fundamentales: el humo de las quemas de biomasa, el polvo en suspensión y el ozono de baja atmósfera. La combinación del calor extremo derivado del cambio climático con las emisiones humanas está intensificando este problema. Solo un 5 % de la población mundial ha respirado un aire catalogado como ‘bueno’ según las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Múltiples factores aceleran la formación de ozono troposférico en todo el mundo

La formación de este elemento en las capas bajas de la atmósfera exige la presencia combinada de emisiones de óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles derivados del tráfico rodado, las industrias, los disolventes domésticos y las quemas forestales. Cuando estos componentes se someten a una intensa radiación solar durante olas de calor prolongadas, las reacciones químicas se aceleran de forma drástica. A diferencia del gas protector ubicado en la estratosfera, el ozono troposférico perjudica seriamente la salud humana, altera la química de los ecosistemas y reduce significativamente el rendimiento de las cosechas agrícolas.

A escala internacional, Asia se posiciona como el territorio más perjudicado por este fenómeno ambiental. La combinación de densa actividad industrial, transporte masivo y fuentes naturales ha expuesto al 60 % de la población asiática a niveles extremadamente altos de contaminación. Si se computan los rangos calificados como ‘deficientes’ y ‘muy deficientes’, la cifra de afectados en este continente se eleva hasta un alarmante 90 %.

En la antesala de la 31ª Cumbre del Clima (COP31), programada para el próximo noviembre en Antalya (Turquía), los expertos subrayan que este escenario requiere compromisos firmes. El director general del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio, Florian Pappenberger, advirtió que “la contaminación atmosférica no conoce fronteras”, recordando que los elementos nocivos recorren miles de kilómetros y demandan soluciones multilaterales e inmediatas.

Situación en Europa y América: el impacto de los incendios forestales

Pese a los avances normativos introducidos en los últimos años por la Directiva europea sobre la calidad del aire ambiente, el ozono se mantiene como un desafío técnico complejo para los países europeos debido a su larga permanencia en la atmósfera y su fuerte dependencia de las variables meteorológicas. En lo que va de 2026, el 50 % de la población europea ha sufrido una exposición a concentraciones calificadas como ‘deficientes’, ‘muy deficientes’ o ‘extremadamente deficientes’. Las intensas olas de calor estivales registradas entre junio y agosto, sumadas a los megaincendios declarados en países como España, Francia y Bélgica, alimentaron la presencia de precursores a gran escala.

Por su parte, América del Norte presentó métricas significativamente elevadas impulsadas por las emisiones de los incendios forestales de Canadá y el oeste de Estados Unidos. Más de dos tercios de la población norteamericana habitaron zonas con una calidad del aire degradada por este compuesto, localizándose los focos principales en las áreas urbanas de ambas costas estadounidenses y en grandes metrópolis de América Central, con Ciudad de México entre las más castigadas.

Disparidades regionales y riesgos para la salud humana

Las implicaciones territoriales del informe muestran un comportamiento desigual entre continentes. Oceanía figura como la región con mejores registros globales, con el 100 % de sus habitantes expuestos a niveles clasificados entre ‘buenos’ y ‘aceptables’. En América del Sur, el 81 % de la población se mantuvo en valores seguros, aunque grandes urbes como Río de Janeiro registraron picos críticos puntuales. En África, la exposición a largo plazo se mantiene baja y apenas un 8 % de la población afrontó situaciones extremadamente deficientes en 2026.

La directora del CAMS, Laura Rouil, remarcó que esta problemática “afecta a la composición química del aire que respiramos, determina la salud de los ecosistemas e incluso condiciona la capacidad para cultivar alimentos”. Asimismo, desde el Centro Europeo de la OMS para el Medio Ambiente, el Cambio Climático y la Salud, Dorota Jarosinska recordó que respirar ozono de forma continuada incrementa de forma directa la incidencia de patologías cardíacas, accidentes cerebrovasculares, afecciones respiratorias crónicas y cáncer de pulmón.

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