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La atención médica orientada a las mujeres ha estado históricamente acotada a la función reproductiva y a la maternidad. Sin embargo, un análisis publicado por Noticias ONU advierte sobre una grave brecha estructural: la salud de las mujeres fuera de su etapa fértil o en patologías no asociadas a la gestación continúa siendo ignorada, infradiagnosticada e infrafinanciada en los sistemas de salud de todo el mundo.
La OMS advierte que se da prioridad a las mujeres cuando se las considera fundamentales para la reproducción, mientras que se las pasa por alto en las décadas anteriores o posteriores. Las consecuencias de este desequilibrio se hacen evidentes en los datos disponibles.
Esta estrecha visión reduccionista no solo invisibiliza enfermedades crónicas, autoinmunes y cardiovasculares que afectan de manera diferencial a las mujeres, sino que perpetúa un sesgo de género en la investigación médica que compromete la calidad de vida y la longevidad de más de la mitad de la población mundial.
Reduccionismo maternal y el sesgo de género en la investigación científica
Durante décadas, la investigación médica y la práctica clínica han tomado al cuerpo masculino adulto como la norma biológica universal. La exclusión sistemática de las mujeres en los ensayos clínicos —frecuentemente justificada por las fluctuaciones hormonales o la protección frente a potenciales embarazos— ha generado un profundo vacío de conocimiento científico sobre cómo enferman y responden a los fármacos los organismos femeninos.
Aunque la salud de las mujeres y la atención al parto han experimentado avances trascendentales, concentrar la inversión asistencial de forma casi exclusiva en el periodo gestacional deja desatendidas las necesidades de salud durante la infancia, la adolescencia, la perimenopausia y la vejez. Afecciones de elevada prevalencia como la endometriosis, el síndrome de ovario poliquístico (SOP), el dolor pélvico crónico o las patologías asociadas a la transición menopáusica siguen careciendo de financiación suficiente y sufren retrasos diagnósticos que promedian entre siete y diez años.
Enfermedades no transmisibles y diagnóstico tardío: la brecha en la salud cardiovascular
El impacto de este sesgo es especialmente crítico en el ámbito de las enfermedades no transmisibles (ENT), las cuales representan la principal causa de mortalidad entre las mujeres a nivel global. Un ejemplo sangrante es la patología cardiovascular, erróneamente percibida por la sociedad y parte del estamento médico como una "enfermedad de hombres":
- Sintomatología atípica: Las mujeres con infarto agudo de miocardio presentan con frecuencia síntomas diferentes al clásico dolor opresivo en el brazo izquierdo (como fatiga extrema, náuseas, dolor en la mandíbula o en la espalda), lo que deriva en diagnósticos erróneos y altas tasas de mortalidad prevenible.
- Afecciones autoinmunes y dolor crónico: Aproximadamente el 80 % de las personas que padecen enfermedades autoinmunes (como el lupus, la esclerosis múltiple o la artritis reumatoide) son mujeres. La estigmatización del dolor femenino, atribuido erróneamente con frecuencia a factores psicológicos o somáticos, retrasa el acceso a tratamientos eficaces.
- Salud ósea y metabólica: La osteoporosis y las fracturas asociadas en edades avanzadas merman drásticamente la autonomía de las mujeres mayores, requiriendo un abordaje de prevención primaria desde etapas más tempranas.
Enfoque de curso de vida, salud mental y reforma de los sistemas públicos
Superar la invisibilidad médica de las mujeres exige transformar las políticas sanitarias para adoptar un enfoque de "curso de vida", que reconozca que las necesidades de salud evolucionan dinámicamente y requieren respuestas adaptadas en cada etapa biológica:
- Impacto en la salud mental y sobrecarga de cuidados: El impacto de los determinantes sociales, sumado a la brecha en la asunción de los cuidados familiares informales y a las fluctuaciones hormonales en distintas etapas vitales, triplica la incidencia de ansiedad y depresión en las mujeres respecto a los varones.
- Capacitación médica con perspectiva de sexo y género: Es urgente reestructurar los planes de estudio universitarios para incluir la medicina diferencial por sexo, capacitando al personal sanitario en la detección temprana de patologías no reproductivas en mujeres.
- Equidad en la cobertura universal: Garantizar que los seguros de salud y los sistemas públicos financien tratamientos preventivos y paliativos para afecciones crónicas femeninas que actualmente quedan fuera de la cartera básica de servicios.
Reducir la salud de las mujeres a su capacidad reproductiva es ignorar la mayor parte de su vida, perpetuando un sesgo médico que cuesta millones de vidas prevenibles.
La OMS concluye que las mujeres mayores afrontan una carga creciente de enfermedades crónicas, discapacidad y dependencia, incluidas la demencia y otras enfermedades que pueden afectar profundamente a la calidad de vida. Sin embargo, estas cuestiones suelen recibir mucha menos atención que la salud reproductiva y materna, pese a representar la mayoría de los años que las mujeres viven con mala salud y, en última instancia, muchas de sus muertes.
La agencia pide ampliar la definición de salud de las mujeres para abarcar todo el ciclo vital y mejorar los sistemas de información. Esto implica reforzar la investigación clínica, disponer de datos desglosados por edad y sexo y mejorar la certificación y el registro de las causas de muerte.
El objetivo, señala la organización, es que las mujeres sean visibles no solo en los sistemas de salud, sino también en los datos que determinan las políticas y las prioridades sanitarias.
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