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La actividad volcánica de Tenerife ha experimentado durante 2026 un incremento que los especialistas califican de "anómalo" en comparación con los registros de los últimos años. La isla ha contabilizado hasta el momento diez enjambres sísmicos, una cifra que supera ampliamente la frecuencia observada durante el periodo anterior.
De acuerdo con los datos del Instituto Geográfico Nacional (IGN), siete de estos episodios se produjeron entre febrero y los primeros días de marzo, mientras que los otros tres tuvieron lugar entre junio y julio. Los enjambres sísmicos consisten en la aparición de numerosos terremotos en un periodo muy corto de tiempo. Según ha explicado Itahiza Domínguez, director del IGN en Canarias, en cada uno de estos episodios pueden producirse miles de pequeños seísmos, llegando incluso a registrarse varios en un solo minuto.
La diferencia con los años anteriores resulta significativa. Entre 2016 y 2025 únicamente se habían identificado seis episodios de estas características: uno en 2016, otro en 2019, dos durante 2022, uno en 2024 y otro en 2025.
La posibilidad de una erupción existe, pero no es inminente
El aumento de la actividad sísmica ha vuelto a poner el foco sobre el comportamiento volcánico. Sin embargo, los especialistas insisten en que los datos disponibles no apuntan actualmente a una erupción próxima.
Los estudios realizados a partir del historial eruptivo de la isla sitúan en torno al 40% la posibilidad de que Tenerife registre alguna erupción durante los próximos 50 años. Esta estimación corresponde al conjunto del territorio insular y no exclusivamente al entorno del Teide.
Además, la información histórica lleva a los expertos a considerar más probable una erupción de carácter basáltico, similar a la que tuvo lugar en La Palma en 2021. En ese escenario, el edificio volcánico podría aparecer en una zona en la que hasta ese momento no existiera un volcán.
Domínguez apunta que la zona con mayores posibilidades sería la dorsal noreste de la isla. Por el contrario, las erupciones relacionadas con el sistema central de la isla, donde se encuentra el Teide, son menos habituales.
El Pevolca reforzará el seguimiento de la situación
Ante el repunte de la actividad sísmica, el comité asesor del Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por riesgo volcánico de Canarias (Pevolca) se ha reunido para analizar de manera detallada la evolución registrada en Tenerife.
A partir de ahora, está previsto que estas reuniones de seguimiento tengan lugar cada tres meses. El objetivo es disponer de una evaluación periódica que permita detectar cualquier cambio relevante y adoptar las medidas correspondientes si los científicos llegaran a considerar que existe un riesgo significativo.
Por ahora, la valoración de los especialistas es tranquilizadora: la posibilidad de una erupción a corto y medio plazo continúa siendo baja.
Una de las razones por las que la población no ha percibido los terremotos registrados durante estos enjambres es su localización. Los eventos se están produciendo aproximadamente a diez kilómetros de profundidad, al oeste de Las Cañadas del Teide.
Además, se trata de seísmos de muy baja magnitud. Ninguno de los registrados ha superado hasta ahora una magnitud de 1,5, hasta el punto de que algunos de estos pequeños terremotos resultan complicados de detectar incluso para los propios especialistas.
No obstante, los científicos no descartan que en algún momento pueda producirse un terremoto que sí sea sentido por los habitantes de la isla. La actividad actual se mantiene por encima de los niveles registrados en los últimos años, por lo que no puede excluirse que aparezca de manera espontánea algún movimiento perceptible.
La situación sería especialmente relevante si esos terremotos dejaran de ser acontecimientos aislados y comenzaran a repetirse de manera continua mientras se desplazaran progresivamente hacia zonas más superficiales. Ese comportamiento constituiría un indicador importante de que podría estar produciéndose una evolución hacia una posible erupción, aunque tampoco significaría necesariamente que esta fuera a producirse de forma inmediata.
¿Qué señales vigilarían los científicos?
En caso de observarse una evolución de este tipo, el seguimiento se intensificaría y se podría convocar un comité extraordinario para determinar si es necesario activar alguno de los protocolos previstos.
Los terremotos no serían el único indicador que analizarían los especialistas. También prestarían especial atención a posibles deformaciones rápidas del terreno, que podrían estar relacionadas con el desplazamiento del magma, así como a modificaciones en las emisiones de gases que alcanzan la superficie.
La historia volcánica de Tenerife demuestra la importancia de estos factores. En algunas erupciones anteriores se produjeron terremotos que fueron percibidos por la población semanas e incluso años antes de la erupción. En el caso de la última erupción registrada en la isla, en 1909, existen registros de movimientos sísmicos sentidos por los habitantes durante el año previo.
Señales de baja frecuencia y posible acumulación de magma
La vigilancia científica también ha identificado otro tipo de fenómeno bajo Tenerife: las denominadas señales de baja frecuencia. Se trata de pulsos sísmicos que pueden prolongarse durante varios minutos e incluso alcanzar media hora de duración y que presentan mayores dificultades para su medición.
Estas señales están relacionadas, al igual que una parte de los movimientos sísmicos detectados, con el desplazamiento de fluidos en el subsuelo. Los investigadores consideran además que podría existir una acumulación de magma bajo la isla.
Esta circunstancia es compatible con el funcionamiento de un sistema volcánico activo. Sin embargo, los científicos todavía no disponen de una explicación completamente segura sobre lo que está sucediendo bajo tierra.
La hipótesis que manejan es que esa acumulación de magma podría haberse estabilizado y estar detrás de algunas de las señales observadas. Según Domínguez, este comportamiento puede encontrarse dentro de la normalidad de un sistema volcánico, aunque resulta necesario mantener la vigilancia por si ese reservorio comenzara a ganar fuerza.
Tenerife mantiene una actividad volcánica superior a la de los últimos años
Los diez enjambres sísmicos contabilizados durante 2026 confirman que Tenerife atraviesa un periodo de actividad superior al registrado durante los nueve años anteriores. Sin embargo, los expertos subrayan que este incremento no permite afirmar que la isla se encuentre ante una erupción inminente.
La actividad volcánica es un fenómeno complejo y los científicos trabajan con probabilidades, no con fechas concretas. En este sentido, resulta imposible establecer cuándo tendrá lugar una futura erupción o determinar si el repunte actual terminará evolucionando hacia un proceso eruptivo.
De hecho, tampoco puede saberse todavía si esta fase de mayor actividad continuará desarrollándose o si acabará desapareciendo de forma repentina.
Por ello, el principal objetivo en estos momentos es mantener una vigilancia constante. El seguimiento periódico del Pevolca permitirá comparar la evolución de los seísmos, las señales de baja frecuencia, la posible deformación del terreno y las emisiones de gases.
Tenerife continúa siendo, por tanto, un territorio volcánicamente activo, pero los datos disponibles no justifican por ahora una situación de alarma. El aumento registrado en 2026 constituye un fenómeno que requiere atención y seguimiento científico, aunque la probabilidad de una erupción a corto o medio plazo permanece baja.
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