La trampa del algoritmo: TikTok viraliza el machismo

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Empujar a su novia a la piscina por sorpresa, grabar la reacción de una chica mientras su novio le lanza comentarios machistas sobre su cuerpo o convertir una bofetada en un reto viral, son algunos de los vídeos que circulan en TikTok bajo la apariencia de bromas o challenges de pareja y que acumulan millones de visualizaciones y miles de comentarios amparados en la idea de que todo forma parte del "humor".

Pero detrás de estos retos virales, desde el #PoolPrank a los llamados loyalty tests o tendencias como #latóxica o #eltóxico, expertas en sociología y psicología advierten de que se está normalizando un ecosistema digital donde el control, la humillación o incluso las agresiones físicas se presentan como entretenimiento, en lugar de ser reconocidas como manifestaciones de violencia machista.

"No es humor, es una forma de ejercer control y de tener cierto abuso de poder sobre la víctima", resume a Efeminista la psicóloga de la Asociación de Psicología y Psicoterapia Feminista, María Martín Fuente.

Para la socióloga y profesora en la Universidad Complutense de Madrid, Elisa García Mingo, este tipo de contenidos no pueden entenderse solo como bromas aisladas.

"Me parece problemático que estos contenidos humillantes, aunque sean muy banales, estén en red porque funcionan como una forma de legitimar la violencia contra las mujeres", asegura la investigadora y señala que "el hecho de que no se retiren" evidencia "la impunidad con la que se perpetran las violencias y la poca capacidad de la sociedad de erradicar esos comportamientos".

¿Qué hay detrás de las bromas y retos machistas de TikTok?

TikTok sigue dictando el ritmo de la cultura popular y las tendencias globales, nos encontramos con que no todo lo que brilla en el feed son bailes virales o recetas de cocina. Detrás de una apariencia de entretenimiento inofensivo, la noticia de Efeminista analiza una realidad más amarga: cómo las bromas y los retos machistas se han consolidado como una herramienta de retroalimentación de prejuicios que creíamos estar superando.

No es "solo humor". Te diré que el humor es, históricamente, el envoltorio favorito para introducir ideas que, sin ese barniz de risa, serían inaceptables. En 2026, el algoritmo no entiende de ética, pero sí de retención, y el machismo "en broma" es un contenido que genera una interacción masiva.

El algoritmo como gasolina para el sexismo

Detrás de estos retos no hay solo un usuario buscando atención; hay una arquitectura tecnológica diseñada para maximizar el tiempo de pantalla. TikTok detecta que los contenidos que generan "conflicto" (comentarios de indignación mezclados con risas cómplices) retienen más al usuario. Esto crea un incentivo económico para que los creadores crucen líneas rojas.

La transparencia de la plataforma está en entredicho. Al priorizar el engagement sobre el bienestar social, se permite que retos que denigran a las mujeres o que cuestionan su autonomía lleguen a millones de jóvenes en cuestión de horas. En este 2026, el reto no es solo filtrar el contenido, sino entender que el algoritmo es el que está "educando" a la siguiente generación.

La estrategia del "Caballo de Troya" humorístico

Lo que revela el análisis de Efeminista es una táctica de manual: el humor como escudo. Cuando un reto es explícitamente machista, el creador suele defenderse diciendo que "la gente no aguanta una broma" o que "todo es una parodia". Este mecanismo tiene dos efectos perversos:

  • Normalización: Los adolescentes consumen micro-machismos de forma diaria, lo que erosiona su capacidad crítica frente a situaciones de desigualdad real.
  • Deslegitimación: Se crea una narrativa donde la lucha por la igualdad se presenta como algo "aburrido" o "autoritario", frente al humor "rebelde" y "políticamente incorrecto" de los retos sexistas.

El machismo en TikTok no suele entrar por la puerta grande del discurso político, sino por la ventana del entretenimiento ligero, lo que lo hace mucho más difícil de combatir.

El reto de una navegación crítica

Las bromas y retos machistas en TikTok no son un error del sistema, sino una característica de un modelo de negocio que monetiza la polarización. Detrás de cada video de "broma" a la pareja o reto de "puntuación de mujeres" hay un retroceso en los valores de igualdad que tanto ha costado construir.

La solución no pasa solo por la censura, sino por la alfabetización digital. Necesitamos que los usuarios aprendan a identificar cuándo un algoritmo les está empujando hacia el sesgo y que las plataformas asuman una transparencia real sobre sus sistemas de recomendación. Al final, la mejor respuesta ante un reto machista no es un comentario de odio, sino dejar de darle el oxígeno del "like".

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