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Un nuevo estudio científico liderado por investigadores de la Universidad de Navarra, en colaboración con la Fundación Mapfre, ha encendido las alarmas sobre los hábitos de vida de la población infantil. Según los datos arrojados por el informe titulado ‘Dieta, pantallas y síntomas de TDAH en la infancia. Resultados del Proyecto Sendo’, los niños que dedican dos o más horas diarias al uso de pantallas presentan un riesgo 2,16 veces mayor de cumplir los criterios de cribado de un posible trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en comparación con aquellos que pasan menos de una hora al día expuestos a estos dispositivos tecnológicos.
Este hallazgo subraya la estrecha relación que existe entre el entorno diario de los menores y su desarrollo psicoemocional, ofreciendo una perspectiva muy valiosa para la prevención temprana desde el ámbito familiar y escolar.
Consecuencias del uso de pantallas y los ultraprocesados en el desarrollo infantil
El análisis desarrollado dentro del marco del Proyecto Sendo —una cohorte pediátrica prospectiva que sigue la evolución de la salud infantil a lo largo del tiempo— no solo ha evaluado el tiempo que los niños pasan frente a televisores, tabletas o teléfonos móviles. La investigación ha abordado de manera integral la relación entre la alimentación y el ocio digital con la conducta y la salud psicoemocional.
En este sentido, las conclusiones del trabajo revelan que un alto consumo de productos ultraprocesados también impacta negativamente en la conducta infantil. En concreto, los niños con dietas ricas en este tipo de comestibles obtuvieron peores puntuaciones en áreas clave como la hiperactividad, la inatención, las relaciones con sus iguales y la conducta prosocial.
En la actualidad, se estima que el TDAH afecta a entre el 5 % y el 7 % de la población infantil en España, situándose como uno de los trastornos del neurodesarrollo más comunes en la infancia. Las dificultades para fijar la atención, la hiperactividad y la impulsividad repercuten de forma directa en el rendimiento académico, el aprendizaje, la convivencia familiar y las relaciones sociales de los menores.
Un diseño metodológico que analiza el impacto del uso de pantallas a lo largo del tiempo
Una de las principales fortalezas de esta investigación reside en su diseño prospectivo. Para llevar a cabo el estudio, el equipo científico analizó una muestra inicial de 568 niños y niñas de entre 4 y 5 años. Los hábitos relativos a la dieta, la actividad física, el sueño y el uso de pantallas fueron registrados a través de cuestionarios detallados cumplimentados por los padres aproximadamente dos años antes de realizar la evaluación final de los síntomas de TDAH e indicadores de conducta.
Esta secuencia temporal permitió a los investigadores evaluar cómo las exposiciones previas a determinados entornos preceden a las manifestaciones psicoemocionales observadas con el paso del tiempo. No obstante, las expertas matizan que, al tratarse de un estudio observacional, los resultados no permiten afirmar categóricamente que el uso de pantallas o la mala alimentación sean los causantes directos de la aparición del TDAH.
Durante el evento de presentación de los datos, la doctora Nerea Martín Calvo, especialista en pediatría, investigadora y profesora titular de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Navarra, explicó la complejidad del trastorno:
"El TDAH tiene un origen complejo en el que intervienen factores genéticos y neurobiológicos, pero también determinados hábitos que forman parte del entorno en el que se desarrolla la infancia. Con este estudio queremos analizar si factores potencialmente modificables, como la alimentación o el tiempo de exposición a pantallas, se relacionan con una mayor probabilidad de cumplir los criterios de cribado de un posible TDAH."
Evaluación clínica y la necesidad de moderar el uso de pantallas en el hogar
Para la medición de los síntomas, los investigadores emplearon la escala Du Paul. A través de este instrumento de evaluación, se comprobó que el 10,9 % de los menores participantes cumplían con los parámetros establecidos para un "posible TDAH".
A este respecto, la doctora Martín Calvo aclaró que esta clasificación no equivale a un diagnóstico formal ni definitivo. Se trata de una herramienta estándar de cribado que permite detectar a los menores que manifiestan una mayor intensidad sintomática y que, por consiguiente, se beneficiarían de una evaluación clínica más exhaustiva por parte de un especialista.
En cuanto a los niveles de exposición diaria evaluados en la muestra, el 61 % de los niños dedicaba menos de una hora al día a las pantallas, mientras que el 39 % restante superaba ese límite temporal. Los datos cuantitativos reflejan con claridad un efecto escalonado:
- Entre 1 y 2 horas diarias: Se asocia a un riesgo relativo de 1,22 de cumplir criterios de posible TDAH.
- Más de 2 horas diarias: El riesgo relativo asciende hasta un 2,16, duplicando las posibilidades en comparación con el grupo de menor consumo.
Recomendaciones de los expertos para optimizar la salud psicoemocional
Ante los datos obtenidos, las especialistas coincidieron en señalar la importancia de actuar sobre aquellos hábitos que sí están bajo el control directo de los progenitores y educadores. Moderar oportunamente la exposición a pantallas e incentivar actividades de ocio activo representan herramientas preventivas eficaces al alcance del hogar.
Por su parte, Eva Arranz, médica de la Fundación Mapfre, destacó la relevancia de abordar la salud infantil desde una perspectiva global y preventiva:
"La relevancia de estos resultados reside en que la alimentación y la exposición a dispositivos son aspectos sobre los que las familias pueden actuar. Promover hábitos saludables, como priorizar una alimentación basada en alimentos frescos y limitar el tiempo frente a dispositivos electrónicos, puede formar parte de un enfoque integral para favorecer la salud y el bienestar infantil."
En definitiva, reducir la dieta ultraprocesada y controlar de manera consciente el uso de pantallas se consolidan como pautas fundamentales para garantizar un desarrollo saludable, previniendo posibles dificultades en la atención y la conducta durante las etapas tempranas de la vida.
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