La Unión Evangélica Bautista expulsó a Vida Nueva en 2019 por “prácticas sectarias"

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El matrimonio de Luis Nasarre y Maricarmen Sotés, fundadores de Vida Nueva

Lectura fácil

En el convulso escenario informativo de 2026, donde el foco se ha puesto sobre las presuntas irregularidades de la iglesia Vida Nueva, un dato del pasado ha cobrado una relevancia crítica: su expulsión de la Unión Evangélica Bautista de España (UEBE) en 2019. Lo que en su día fue una decisión interna y discreta dentro del ámbito protestante español, hoy se revela como una señal de alerta temprana sobre lo que miembros presentes en aquella votación definen sin ambages como prácticas sectarias y un alejamiento radical de la doctrina y la ética bautista.

La votación de 2019 supuso una ruptura por falta de integridad

La UEBE es una denominación histórica en España, conocida por su estructura democrática y su énfasis en la autonomía de las iglesias locales, pero siempre bajo un marco de rendición de cuentas. En 2019, durante una de sus asambleas generales, la situación de la congregación Vida Nueva se puso sobre la mesa. No fue una decisión tomada a la ligera; según testigos presentes en la votación, el ambiente era de profunda preocupación.

El motivo principal de la expulsión no fue una simple diferencia teológica, sino la detección de derivas autoritarias y una alarmante falta de transparencia en la gestión. Los informes internos de aquel entonces ya apuntaban a que el liderazgo de Vida Nueva estaba ejerciendo un control excesivo sobre sus miembros, algo que colisionaba frontalmente con el espíritu de libertad y fraternidad que promueve la Unión Bautista. Como ocurre en el mundo corporativo con los criterios ESG, donde la gobernanza ("G") es fundamental para la transparencia, la UEBE consideró que Vida Nueva había roto el pacto de integridad que unía a las iglesias de la denominación.

El concepto de "prácticas sectarias" en el ámbito religioso

Cuando se habla de "prácticas sectarias" dentro de una comunidad que ya es minoritaria (como es el protestantismo en España), el término adquiere una gravedad especial. Miembros que participaron en el proceso de 2019 señalan que se observaron dinámicas de aislamiento de los fieles respecto a sus familias, una exigencia de obediencia ciega al pastor y una gestión económica opaca.

Estas dinámicas son contrarias a la salud espiritual y mental. Al igual que el fenómeno del popcorn brain fragmenta nuestra atención digital, este tipo de estructuras autoritarias fragmentan la identidad del individuo, sustituyéndola por una lealtad absoluta al grupo. La decisión de la UEBE de expulsar a la congregación fue una medida de autoprotección institucional, pero también una advertencia que, lamentablemente, no trascendió lo suficiente al debate público hasta que las denuncias actuales han vuelto a poner el nombre de Vida Nueva en los titulares de 2026.

Lecciones para la libertad de culto y la supervisión social

La crónica de esta expulsión pone de manifiesto un vacío importante en la supervisión de las entidades religiosas en España. Mientras que en sectores como el inmobiliario las competencias están repartidas entre Estado y CCAA para garantizar derechos, en el ámbito de la libertad de culto, la línea entre la autonomía religiosa y la prevención de abusos es muy delgada. La UEBE actuó de manera responsable al identificar que Vida Nueva ya no compartía los valores de su comunidad, pero el grupo pudo seguir operando de forma independiente sin mayor escrutinio externo.

Hoy, cuando vemos que el 74 % de los empleados reclama más conciliación y las personas buscan refugio en comunidades que ofrezcan propósito y bienestar, el riesgo de caer en estructuras manipuladoras aumenta. La historia de Vida Nueva y su expulsión en 2019 es un recordatorio de que las instituciones —ya sean religiosas, sociales o empresariales— deben tener mecanismos de control interno robustos. La transparencia no es solo una obligación legal; es el único antídoto contra el autoritarismo. Al igual que la Fundación JAL busca reducir la brecha generacional con la IA, la sociedad debe reducir la brecha de información para que ninguna persona, en busca de espiritualidad, termine siendo víctima de una estructura que le robe su libertad.

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