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La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que el cáncer seguirá ganando terreno en las próximas décadas si no se intensifican las políticas de prevención, el diagnóstico temprano y el acceso equitativo a los tratamientos. Según sus estimaciones, una de cada cinco personas desarrollará esta enfermedad a lo largo de su vida, una cifra que refleja la magnitud de un problema sanitario que afecta a todos los países sin excepción.
Los datos más recientes muestran la dimensión actual del fenómeno: en 2024 se registraron 20,6 millones de nuevos casos en el mundo. Las proyecciones son aún más preocupantes, ya que se prevé que esta cifra alcance los 35 millones de diagnósticos anuales en 2050 si no se adoptan medidas más contundentes.
Un impacto casi universal, pero desigual del cáncer
El informe ‘Global status report on cancer 2026: The future we choose together’, elaborado por la OMS y la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), subraya que esta enfermedad tiene un alcance prácticamente universal, aunque sus consecuencias son profundamente desiguales. De hecho, si se considera el impacto que un diagnóstico tiene en familiares cercanos, cerca del 92% de la población mundial se verá afectada por esta enfermedad al menos una vez en su vida.
El doctor André Ilbawi, responsable de Control del Cáncer de la OMS, explicó durante la presentación del informe que se trata de la evaluación más completa realizada hasta ahora sobre la situación global de la enfermedad. El documento no solo analiza la carga de la enfermedad y el rendimiento de los sistemas sanitarios, sino que también incorpora la experiencia directa de los pacientes.
Del total de diagnósticos registrados en 2024, 19,5 millones corresponden a casos que excluyen el de piel no melanoma. De ellos, 9,9 millones afectaron a hombres y 9,6 millones a mujeres. Estas cifras reflejan una distribución relativamente equilibrada entre ambos sexos, aunque el crecimiento global sigue siendo el principal motivo de preocupación.
Aun así, la OMS insiste en que el problema no radica únicamente en el aumento de casos, sino en las desigualdades en el acceso a los servicios sanitarios. En los países de ingresos altos, la supervivencia a cinco años en cáncer de mama e infantil supera el 85 %, gracias en gran parte a la detección temprana. Sin embargo, en los países de ingresos bajos, esta tasa cae por debajo del 30 %, lo que evidencia una brecha sanitaria significativa.
El peso de la desigualdad económica
La doctora Isabelle Soerjomataram, de la IARC, destacó que las probabilidades de supervivencia están estrechamente ligadas a las condiciones económicas. Las diferencias entre países no solo se explican por factores médicos, sino también por la calidad de los sistemas de salud y el acceso a recursos adecuados.
Se ha convertido además en una de las principales causas de muerte prematura en el mundo. En 2021 fue la primera causa en 41 países, la segunda en 37 y la tercera en 47. Pese a ello, solo 12 países están en camino de cumplir el objetivo de reducir en un tercio la mortalidad prematura por esta enfermedad antes de 2030, mientras que en 48 países estas tasas siguen aumentando.
Aunque se han producido avances, especialmente en el control del tabaco, los expertos advierten de que todavía queda mucho por hacer. Desde 2010, el consumo de tabaco se ha reducido un 27 % gracias a las políticas impulsadas por la OMS, pero la aplicación incompleta de estas medidas continúa siendo un obstáculo.
También se han logrado progresos en la vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH), fundamental para prevenir el de cuello uterino. Actualmente, el 85 % de los países ha incorporado esta vacuna en sus programas nacionales, aunque solo el 31 % de las niñas recibe la primera dosis, muy por debajo del objetivo del 90 % fijado para 2030.
Según la OMS, casi el 40 % de los casos podrían prevenirse mediante intervenciones conocidas, como reducir el consumo de tabaco y alcohol, fomentar la actividad física, combatir la obesidad y prevenir infecciones relacionadas con esta enfermedad.
Fallos en el acceso a la atención sanitaria
El informe también pone el foco en las carencias de los sistemas sanitarios. Solo el 39 % de los países incluye un paquete básico de atención oncológica dentro de la cobertura sanitaria universal, y muchos planes nacionales carecen de financiación o no se aplican correctamente.
El acceso al diagnóstico sigue siendo limitado para gran parte de la población mundial: el 47 % tiene poco o ningún acceso a servicios diagnósticos básicos, lo que retrasa la detección y el inicio del tratamiento. A esto se suma que 23 países de ingresos bajos y medios no disponen de instalaciones de radioterapia.
En cuanto a los cuidados paliativos, la situación es igualmente preocupante. Aunque 73 millones de personas los necesitan cada año, solo el 14 % los recibe, lo que deja a millones de pacientes sin la atención necesaria en fases avanzadas de la enfermedad.
El impacto del cáncer va más allá de la salud física. Una encuesta global de la OMS revela que cerca del 50 % de las personas afectadas pierde relaciones cercanas, el 60 % sufre angustia emocional y la mitad de los cuidadores presenta síntomas de duelo prolongado.
Además, más de la mitad de los pacientes y sus familias afrontan gastos sanitarios catastróficos, incluso en países con sistemas de cobertura universal. Esta presión económica agrava aún más las desigualdades y dificulta el acceso a tratamientos adecuados.
El reto de pasar de los compromisos a la acción
La defensora de pacientes Abigail Simon-Hart advirtió de que, en los países con menos recursos, el diagnóstico tardío, los costes y la falta de acceso a servicios médicos provocan que muchos pacientes abandonen el tratamiento. En algunos casos, esta situación tiene consecuencias fatales.
El informe insiste en que el principal desafío actual no es la falta de conocimiento, sino la brecha entre lo que se sabe y lo que realmente se aplica. Por ello, la OMS hace un llamamiento a gobiernos y sistemas sanitarios para acelerar la implementación de medidas eficaces, invertir en prevención y garantizar un acceso equitativo a la atención.
La conclusión es clara: actuar ahora será determinante para evitar que el cáncer se convierta en una carga aún mayor en el futuro, tanto en términos humanos como económicos.
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