Una crisis silenciosa: el clima borra aulas en todo el mundo

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Christianah, de 11 años, en el aula de su escuela secundaria, que quedó destruida por la tormenta tropical Jude en marzo de 2025 en Grand Sud (Madagascar)

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El clima extremo se ha convertido en un obstáculo directo para la educación de millones de niños y jóvenes. En 2025, más de 171 millones de estudiantes, uno de cada diez en edad de cursar desde preescolar hasta el segundo ciclo de secundaria, vieron interrumpida su escolarización debido a fenómenos climáticos extremos, según revela el informe Aprendizaje interrumpido: Panorama general de las perturbaciones en la educación provocadas por el cambio climático en 2025, publicado por UNICEF.

Tormentas, inundaciones y calor: los tres grandes disruptores del clima

Las tormentas fueron el principal causante de estas interrupciones, afectando a 109 millones de alumnos en todo el planeta. Le siguieron las inundaciones, que impactaron al menos a 70 millones de estudiantes, y las olas de calor, que alteraron la rutina escolar de alrededor de 50 millones de menores. Estos eventos del clima extremo no solo obligaron a suspender clases, sino que también dañaron infraestructuras escolares, forzaron la implementación de aprendizaje a distancia, redujeron las horas lectivas y aumentaron el riesgo de abandono escolar.

La historia de Taudibura Garo, una adolescente de 16 años en Papúa Nueva Guinea, ilustra esta realidad: su escuela, situada junto a un arroyo, se inunda con frecuencia, llegando el agua hasta las rodillas y contaminando las letrinas. “Quedarnos en la escuela no es bueno para la salud y nos perdemos las clases que deberíamos recibir”, explica.

Aunque ningún país está a salvo, la carga recae de manera desproporcionada sobre las naciones más vulnerables. Tres de cada cuatro estudiantes afectados viven en países de ingresos bajos y medianos-bajos, donde los sistemas educativos carecen de recursos para garantizar la continuidad del aprendizaje durante emergencias climáticas.

Pakistán, por ejemplo, enfrentó una de las mayores interrupciones educativas relacionadas con el clima en 2025 tras las graves inundaciones monzónicas de agosto. En Egipto, una tormenta de khamsin (viento cargado de polvo) obligó a cerrar escuelas en todo el país durante un día en abril, afectando a más de 28 millones de estudiantes. Madagascar sufrió múltiples episodios: sequías, ciclones tropicales e inundaciones que, en conjunto, impactaron a 280.000 alumnos a lo largo del año.

España también en la mira del clima extremo

En Europa, España no fue ajena a esta tendencia. Más de 500.000 estudiantes de la Comunidad Valenciana vieron afectada su escolaridad por tormentas en marzo, seguidas del ciclón postropical Gabrielle en septiembre. Además, miles de alumnos en otras regiones sufrieron cierres por calor extremo en mayo y junio, así como por los efectos de la tormenta Alice en octubre.

Las consecuencias van más allá del aula. La pérdida de aprendizaje y el aumento del abandono escolar pueden reducir la productividad futura de la fuerza laboral, frenar el crecimiento económico y obstaculizar los esfuerzos globales contra la pobreza. UNICEF estima que la inacción podría traducirse en una pérdida potencial de al menos 200.000 millones de dólares en los ingresos vitalicios de los estudiantes afectados en 2025.

Las niñas corren un riesgo especialmente alto con el clima extremo. Cuando las escuelas cierran o resultan dañadas, aumentan las responsabilidades domésticas y de cuidado para ellas, se exponen más al matrimonio infantil y enfrentan mayores barreras para regresar a clase una vez que las escuelas reabren.

Soluciones al alcance: resiliencia, inversión y educación climática

Frente a este panorama, el informe de UNICEF no solo diagnostica el problema, sino que propone caminos concretos. Entre las soluciones destacadas se encuentran: integrar la resiliencia climática en la planificación educativa nacional, fortalecer la infraestructura escolar, garantizar la continuidad del aprendizaje durante y después de las emergencias, e incorporar la educación climática en los planes de estudio.

Catherine Russell, directora ejecutiva de UNICEF, lo resume con claridad: “Si queremos proteger la educación de los niños y niñas de hoy y de las generaciones futuras, debemos invertir en escuelas y sistemas educativos capaces de resistir a los efectos de la crisis climáticas”.

La educación es un derecho, pero también un escudo. En un mundo cada vez más afectado por el clima, proteger las aulas es proteger el futuro.

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