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Los organismos deportivos deberían incorporar revisiones de salud mental en la atención habitual de los deportistas de élite y realizar un seguimiento periódico de su bienestar psicológico. Esa es una de las principales conclusiones de una nueva declaración de consenso elaborada por el Comité Olímpico Internacional (COI), publicada en la revista British Journal of Sports Medicine.
El documento actualiza la declaración que el organismo difundió en 2019 y propone avanzar hacia un modelo más organizado, preventivo y basado en la evidencia científica. Según el COI, las evaluaciones no deberían efectuarse únicamente cuando aparece un problema evidente, sino en momentos previamente establecidos y después de competiciones o acontecimientos especialmente relevantes para los atletas.
La propuesta plantea que estas revisiones tengan en cuenta todos los elementos que influyen en la vida deportiva: la preparación y la competición, las lesiones, los cambios en el entorno, las exigencias del rendimiento, las transiciones profesionales y los factores personales que pueden afectar al bienestar. De esta manera, el bienestar mental dejaría de abordarse como una cuestión aislada para integrarse en el funcionamiento cotidiano de los equipos y las organizaciones deportivas.
Una visión amplia del bienestar y la salud mental
La declaración se apoya en una revisión de la evidencia científica disponible y fue examinada por un grupo internacional formado por 31 especialistas con experiencia clínica, científica y práctica. Su objetivo es favorecer una respuesta más homogénea y fundamentada frente a las necesidades psicológicas de los deportistas profesionales.
El COI recuerda que los problemas de salud mental son frecuentes entre los atletas de alto nivel. Las propias circunstancias del deporte pueden desencadenar determinadas dificultades, que también pueden manifestarse durante la práctica deportiva y repercutir en el rendimiento. Sin embargo, el documento subraya que la atención no debe limitarse a los trastornos diagnosticables.
El texto propone comprender el funcionamiento psicológico como un proceso dinámico. Esto significa que un deportista puede encontrarse en distintos puntos de un continuo de bienestar y malestar, sin que necesariamente presente una enfermedad mental identificada. Por ejemplo, las competiciones pueden generar reacciones de estrés pasajeras, mientras que los contratiempos, las decepciones o los periodos de entrenamiento muy exigentes pueden provocar alteraciones temporales.
Estas experiencias forman parte, en muchos casos, de las circunstancias habituales de la carrera de un deportista de élite. Aun así, requieren atención, ya que pueden afectar a la estabilidad, al desempeño y a la capacidad de afrontar nuevas exigencias. Por ello, el COI considera necesario ofrecer apoyo incluso cuando no existe un diagnóstico clínico.
Responsabilidad de todo el entorno deportivo
Una de las ideas centrales de la declaración es que el cuidado del bienestar mental no puede recaer únicamente en el deportista. El apoyo debe incluir las condiciones de entrenamiento, las actitudes de los líderes, los mecanismos de protección y la cultura de las organizaciones.
Los clubes, federaciones y demás entidades deportivas deberían construir entornos que promuevan la salud mental y el bienestar de todos los atletas. Esto implica revisar no solo los servicios médicos disponibles, sino también la forma en que se toman decisiones, se gestionan los errores y se responde a las dificultades personales o deportivas.
El documento también insta a los profesionales clínicos y a los organismos deportivos a actuar frente a varios obstáculos que pueden impedir que los atletas soliciten ayuda. Entre ellos se encuentran el estigma asociado a los problemas psicológicos, las dudas sobre la confidencialidad, el temor a ser excluidos o perder oportunidades y el escaso conocimiento sobre este tema.
Para superar estas barreras, la atención psicológica debe formar parte de la práctica rutinaria y no presentarse como una medida excepcional reservada para situaciones de crisis. También resulta necesario que entrenadores, personal de apoyo y profesionales sanitarios reciban una preparación adecuada a sus responsabilidades. Esa formación debe permitirles identificar señales tempranas, realizar derivaciones seguras y desarrollar una práctica con fundamentos psicológicos.
La declaración recomienda que los síntomas y los trastornos de bienestar mental se aborden de manera individualizada. Las intervenciones deben basarse en la evidencia científica y adaptarse a las características culturales y personales de cada atleta.
Cuando sea necesario, el tratamiento puede combinar psicoterapia, medicación y otras terapias adecuadas al contexto. La elección dependerá de las necesidades de la persona, de su situación deportiva y de la valoración de los profesionales responsables.
El COI también destaca la relación entre las lesiones, el rendimiento y la salud mental. Las respuestas psicológicas ante una lesión deberían evaluarse de manera periódica, ya que una baja puede afectar a la identidad deportiva, la motivación, la confianza y las expectativas de futuro.
Asimismo, la vuelta a la competición de un atleta que haya atravesado problemas de bienestar mental debe planificarse con criterios de seguridad, estabilidad y funcionalidad. El regreso no debería depender exclusivamente de la desaparición de los síntomas o de la urgencia por recuperar el rendimiento, sino de que el deportista se encuentre preparado para retomar sus actividades de manera segura.
Atención a paralímpicos y adolescentes
El documento dedica recomendaciones específicas a los deportistas paralímpicos. En su caso, las evaluaciones y los tratamientos deben considerar las fuentes de estrés vinculadas a la discapacidad, las posibles dificultades de accesibilidad, los sistemas de clasificación y los riesgos que pueden aparecer al finalizar la carrera deportiva.
Los deportistas adolescentes también necesitan una atención diferenciada. Las intervenciones deben ajustarse a su etapa de desarrollo y tener en cuenta las obligaciones educativas, la dinámica familiar y la aparición temprana de muchos problemas de salud mental frecuentes.
El COI pide, además, que los jóvenes reciban apoyo antes, durante y después de las principales transiciones de su trayectoria deportiva. Estos periodos pueden incluir cambios de categoría, incorporación a estructuras de alto rendimiento, modificaciones en la formación académica, lesiones importantes o el abandono de la competición.
Planes de emergencia y prevención
Todos los entornos de deporte de élite deberían contar con planes de actuación ante emergencias de esta envergadura. Estos protocolos deben establecer con claridad las funciones de cada persona, los pasos que deben seguirse y las vías de escalamiento cuando una situación requiera una respuesta especializada.
El COI considera que dichos planes deben ensayarse y revisarse periódicamente para garantizar que sean conocidos y aplicables en la práctica. La preparación no debe limitarse a la documentación escrita: también debe incluir formación y coordinación entre los distintos profesionales y responsables.
La declaración concluye que la prevención, la detección y la gestión de los problemas de salud mental corresponden a todo el ecosistema del deporte de élite. Los atletas profesionales pueden experimentar síntomas y trastornos con una frecuencia similar o incluso superior a la de la población general, aunque sus manifestaciones y necesidades de atención pueden ser diferentes.
Por este motivo, el COI considera esencial que las organizaciones, los entrenadores y los profesionales clínicos estén preparados para reconocer las señales de alerta, responder de forma adecuada y ofrecer apoyo proactivo. El objetivo final es garantizar una participación deportiva segura, ética y sostenible, en la que el rendimiento no se separe del cuidado integral de la persona.
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