Los peces espinosos adaptan su comportamiento para encontrar alimento en aguas turbias

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Peces espinosos nadando en aguas turbias

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La capacidad de los animales para adaptarse a los cambios de su entorno sigue ofreciendo nuevas evidencias de la importancia del comportamiento social en la naturaleza. Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Bristol, en Reino Unido, ha demostrado que los peces espinosos de tres espinas son capaces de modificar la forma en que se desplazan y cooperan dentro de sus cardúmenes para encontrar alimento con mayor eficacia cuando el agua se vuelve turbia.

La investigación, publicada este miércoles en la revista científica Proceedings of the Royal Society B, analiza cómo la pérdida de visibilidad afecta a estos peces de agua dulce y de qué manera la coordinación entre los individuos les permite superar un entorno cada vez más difícil debido al aumento de la contaminación y los cambios ambientales.

El agua de ríos, arroyos y zonas costeras no siempre presenta el mismo aspecto. Puede pasar de ser completamente cristalina a mostrar una elevada opacidad provocada por diminutas partículas en suspensión, como algas, lodo o limo. Este fenómeno, conocido como turbidez, está aumentando en numerosos ecosistemas acuáticos como consecuencia de actividades humanas como la agricultura, la minería, la construcción y otras formas de contaminación.

La reducción de la visibilidad supone un reto importante para la fauna acuática. Cuando el agua está turbia, los peces tienen más dificultades para detectar alimento, identificar a otros miembros de su especie e incluso percibir la presencia de depredadores. Comprender cómo responden a estas condiciones resulta fundamental para conocer su capacidad de adaptación ante un entorno en constante transformación.

Así reaccionan los peces espinosos cuando aparece comida

Para llevar a cabo el estudio, los científicos de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Bristol observaron el comportamiento de cardúmenes de peces espinosos de tres espinas en diferentes niveles de turbidez. El objetivo era analizar cómo variaban sus movimientos colectivos y cuánto tiempo tardaban en reaccionar cuando se introducía de forma inesperada un trozo de alimento en el agua.

Los peces espinosos son muy comunes en el hemisferio norte y habitan estanques, arroyos y ríos de agua dulce. Habitualmente viven formando pequeños grupos, una estrategia que les proporciona ventajas tanto para alimentarse como para reducir el riesgo frente a los depredadores.

Los resultados mostraron una tendencia clara: en aguas turbias, los peces tardaban más tiempo en desplazarse hacia la comida que en condiciones de agua clara. Sin embargo, también quedó patente que pertenecer a un grupo más numeroso ofrecía una ventaja significativa, ya que los individuos de cardúmenes grandes respondían con mayor rapidez ante la aparición del alimento.

La coordinación marca la diferencia

Más allá del tamaño del grupo, los investigadores descubrieron que la manera en la que los peces se movían juntos resultaba decisiva para el éxito de la búsqueda de alimento.

En los grupos pequeños que nadaban en aguas turbias, los mejores resultados se obtenían cuando los individuos permanecían muy próximos entre sí y avanzaban alineados en una misma dirección. Esa sincronización permitía que la información sobre la presencia de comida se propagara rápidamente por el grupo, reduciendo el tiempo de respuesta pese a la escasa visibilidad.

En cambio, la situación era distinta en los grupos grandes que se encontraban en aguas claras. En esas condiciones, un exceso de coordinación terminaba ralentizando la reacción colectiva, lo que indica que la estrategia más eficaz depende tanto del entorno como del número de individuos que forman el cardumen.

Los científicos también observaron que, antes incluso de que apareciera el alimento, los peces expuestos al agua turbia ya mostraban cambios en su comportamiento. Tendían a nadar mucho más cerca unos de otros, coordinaban mejor sus trayectorias y respondían con mayor facilidad a los movimientos de sus vecinos, especialmente cuando el grupo estaba formado por pocos ejemplares.

Cooperar para compensar la falta de visión

Según las conclusiones del trabajo, los peces espinosos no se limitan a sufrir las consecuencias de la baja visibilidad, sino que desarrollan una estrategia colectiva capaz de compensar ese inconveniente. Al incrementar la cooperación y la coordinación dentro del cardumen, consiguen mejorar su capacidad para aprovechar oportunidades esenciales para la supervivencia, como la localización de alimento.

El catedrático de Ecología del Comportamiento Christos Ioannou, uno de los responsables del estudio, explica que el retraso inicial en encontrar la comida era un resultado esperado. “Cuando introdujimos un trozo de comida inesperado en el agua, los peces tardaron más en encontrarlo cuando el agua estaba más turbia. Esto tiene sentido y ya se había demostrado anteriormente en diferentes especies acuáticas”, señala.

No obstante, el investigador destaca que el hallazgo más relevante fue comprobar cómo los peces espinosos modificaban su comportamiento social para reducir ese impacto. Al moverse de forma mucho más alineada y cohesionada en condiciones adversas, lograban localizar el alimento con mayor rapidez que si actuaban de manera menos coordinada.

Una adaptación frente a los cambios provocados por el ser humano

El profesor Sean Rands, también integrante del equipo de investigación, considera que estos resultados cuestionan una idea ampliamente asumida en los estudios sobre comportamiento animal: que las especies utilizan las mismas reglas de agrupamiento con independencia del entorno.

A su juicio, los peces espinosos demuestran una notable flexibilidad conductual. “Es interesante que los peces estén cambiando su comportamiento de formación de cardúmenes para adaptarse al entorno. Cuando estudiamos el comportamiento de agrupamiento en los animales, los investigadores suelen asumir que existe un conjunto fijo de reglas de comportamiento que se utilizan en todos los entornos”, afirma.

Rands añade que estos pequeños peces “tienen algunos trucos adicionales para afrontar los cambios que los humanos están provocando en sus hogares”. Además, recuerda que el cambio climático está intensificando la alternancia entre largos periodos secos y episodios de lluvias torrenciales, lo que provoca crecidas repentinas y aguas cargadas de sedimentos en ríos y arroyos.

En ese contexto, la capacidad de los peces espinosos para reorganizar su comportamiento social ofrece una señal esperanzadora sobre la resiliencia de algunas especies frente a las alteraciones ambientales, aunque los investigadores subrayan la importancia de seguir protegiendo los ecosistemas acuáticos para reducir el impacto de la contaminación y preservar su biodiversidad.

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