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Un estudio basado en tecnología inmersiva y realidad virtual demuestra que las emociones negativas refuerzan la asociación de nombres y caras, pero dificultan recordar el entorno
Investigadores de la UOC identifican un mecanismo de "priorización dinámica" en la memoria episódica gracias a las nuevas tecnologías
La comprensión del funcionamiento de la memoria episódica gracias a esta investigación puede ser especialmente relevante en múltiples campos, como la justicia, las emergencias, la educación o la medicina.
El cerebro es la máquina que percibe, analiza, organiza y almacena todos los recuerdos, y los prioriza en nuestra memoria. Sin embargo, no todas las vivencias y percepciones se almacenan de la misma forma, y el cerebro no lo recuerda todo por igual, especialmente cuando se experimentan situaciones de presión o estrés emocional. Ahora, una nueva investigación realizada por investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) ha comprobado que las emociones negativas contribuyen a fijar mejor la información central, los detalles y los aspectos clave de las vivencias, pero perjudican los recuerdos del contexto y del entorno.
"Descubrimos que, bajo una emoción negativa intensa, el cerebro no se enfoca ciegamente en lo que genera mayor emoción, sino que prioriza estratégicamente lo más relevante para el objetivo inmediato de la persona", explica Álvaro Pastor, estudiante de doctorado de Tecnologías de la Información y de Redes y uno de los autores de este trabajo, junto con Pierre Bourdin-Kreitz, profesor e investigador de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación y coordinador del laboratorio de realidad virtual, XR-Lab de la UOC.
Simulación y generación de emociones negativas
Durante la investigación, publicada con acceso abierto, los autores simularon un aeropuerto virtual en el que los participantes asumieron diferentes roles de agentes en dos puertas de embarque y chequearon y buscaron a pasajeros específicos entre la multitud, de los que tenían que verificar tanto el nombre como el rostro. En este contexto, algunos participantes estaban sometidos a un estrés elevado y sostenido, mientras que otros se encontraban en un estado emocional neutro.
"La emoción negativa intensa hizo que las personas recordaran mejor tanto el nombre como el rostro y mantuvieran ese recuerdo vivo en el tiempo. En cambio, el hecho de recordar dónde se había encontrado a cada pasajero no era crucial para la misión, por lo que esos detalles no fueron guardados en la memoria", explica Bourdin-Kreitz.
Priorización dinámica de la memoria
Según estos expertos, pertenecientes al grupo de investigación en Aprendizajes, Medios y Entretenimiento (GAME), adscrito al Centro de Investigación Interdisciplinario en Transformaciones Sociales y Culturales (UOC-TRÀNSIC), el funcionamiento del cerebro es una de las tareas del organismo que consume más energía y, ante una emoción intensa, no puede permitirse el lujo de recordarlo todo por igual. Por lo tanto, se produce una priorización dinámica de la memoria para canalizar esos recursos hacia un recuerdo concreto.
De este modo, el cerebro no potencia ni suprime la memoria de forma global, sino que configura los mecanismos asociativos que constituyen los recuerdos. "Un mecanismo asociativo destaca por vincular elementos separados, como un rostro y un lugar, por ejemplo. Otro mecanismo asociativo consiste en fusionar diferentes elementos en una sola unidad y, a veces, incluye partes que, de otro modo, estarían separadas, como un rostro y un nombre. Bajo un estrés intenso, el cerebro favorece el segundo mecanismo", puntualiza Pastor, quien destaca que la relevancia del hecho, y no la capacidad de un objeto de evocar emoción, guía ese cálculo de eficiencia.
Por su parte, Bourdin-Kreitz incide en que esta priorización de ciertos recuerdos en situaciones emocionalmente negativas no es un coste, sino una adaptación útil. "Frente a una situación con un estrés importante, es completamente normal no recordar ciertos detalles contextuales. Esto no es una señal de que el recuerdo sea falso o poco fiable, sino precisamente la huella de cómo funciona el cerebro bajo presión", añade el investigador de la UOC.
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