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El astrofísico cordobés Rafael Luque, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), se ha consolidado como una de las figuras más influyentes de la ciencia actual. Su trabajo se centra en uno de los mayores interrogantes de la humanidad: la existencia de vida fuera del Sistema Solar. Luque ha sido pionero al plantear la existencia de los denominados “mundos acuáticos”, un tipo de planeta con enormes reservas de agua que podría albergar condiciones favorables para la vida.
Según explica el propio científico, la humanidad está en un momento especialmente prometedor, ya que se encuentra “más cerca que nunca” de identificar señales químicas que solo podrían explicarse mediante procesos biológicos. Este avance se apoya en nuevas capacidades tecnológicas que permiten analizar con mayor precisión las atmósferas de planetas lejanos.
Rafael Luque dirige un proyecto sin precedentes
Recientemente galardonado con el Premio Princesa de Girona de Investigación 2026, Rafael Luque liderará una ambiciosa campaña científica que no tiene precedentes. El programa combinará 200 horas de observación con el telescopio espacial James Webb y otras 300 horas con el Very Large Telescope (VLT) en Chile. Nunca antes se había llevado a cabo una iniciativa tan extensa y tan enfocada en un objetivo concreto: detectar agua y posibles biofirmas en exoplanetas.
El propio investigador subraya la singularidad del proyecto, destacando que ningún otro grupo dispone de un volumen de observaciones comparable en este tipo de mundos. La campaña, que comenzará este mismo año, podría suponer un punto de inflexión en la búsqueda de vida extraterrestre.
La investigación se centrará en planetas conocidos como subneptunos, cuerpos celestes más grandes que la Tierra pero más pequeños que Neptuno. Estos planetas son muy comunes en la Vía Láctea y, según los estudios de Rafael Luque, algunos podrían contener océanos globales ocultos bajo atmósferas densas.
Estos mundos se encuentran relativamente cerca en términos astronómicos, a distancias que van desde unos pocos hasta varios centenares de años luz. La hipótesis de los mundos acuáticos, desarrollada por el propio Rafael Luque en trabajos anteriores, ha abierto nuevas líneas de investigación a nivel internacional y ha impulsado la exploración de estos entornos como posibles hábitats de vida.
Tecnología clave para detectar vida
El avance tecnológico ha sido fundamental para dar este salto en la investigación. El telescopio James Webb permite analizar la luz que atraviesa las atmósferas de los exoplanetas y descomponerla para identificar moléculas específicas. Entre ellas se encuentran el vapor de agua, el metano, el dióxido de carbono o el ozono.
La clave no está en encontrar vida directamente, sino en detectar combinaciones químicas que, como ocurre en la Tierra, solo se producen gracias a procesos biológicos. Por ejemplo, la coexistencia de ciertos gases en una atmósfera podría ser un indicio sólido de actividad biológica.
La campaña comenzará en verano con el estudio de nueve exoplanetas y se extenderá durante aproximadamente un año. Además de las nuevas observaciones, el equipo incorporará datos previos aún no publicados para crear la base de datos atmosférica más completa sobre subneptunos.
El objetivo principal es obtener mediciones extremadamente precisas de las atmósferas de los planetas más prometedores. Si se detectan señales inusuales, esos mundos serán priorizados para futuras investigaciones con instrumentos aún más avanzados.
Interpretar las posibles biofirmas
Una vez confirmada la presencia de agua, ya sea en forma de vapor, nubes o indicios de océanos, comenzará una fase más compleja. En ella participarán especialistas de diferentes disciplinas, como geofísica, química, biología y ciencias planetarias.
El reto será determinar si las señales químicas detectadas pueden explicarse mediante procesos naturales o si, por el contrario, indican la presencia de vida. Por ejemplo, la combinación de metano, dióxido de carbono y vapor de agua será analizada desde múltiples perspectivas para descartar explicaciones no biológicas.
Solo cuando todas las alternativas naturales queden descartadas, una señal podrá considerarse una posible biofirma. Este proceso requiere un análisis riguroso y multidisciplinar.
Aunque las observaciones se llevarán a cabo entre 2026 y 2027, el análisis detallado de los datos podría prolongarse entre dos y cinco años adicionales. Además, la confirmación definitiva de una biofirma necesitará nuevas observaciones con telescopios más avanzados, que todavía no están disponibles.
A pesar de estos desafíos, el proyecto permitirá avanzar significativamente en la identificación de candidatos prioritarios para futuras misiones.
Un esfuerzo internacional desde Granada
El equipo liderado por Rafael Luque está formado por jóvenes investigadores procedentes de países como Portugal, Canadá, Estados Unidos y China, todos ellos trabajando desde Granada. Esta colaboración internacional, junto con la infraestructura científica española, sitúa al IAA-CSIC en una posición destacada dentro de la astrofísica mundial.
Rafael Luque también lidera el proyecto Thirste, financiado por el Consejo Europeo de Investigación, y participa en importantes misiones como TESS de la NASA y Cheops de la Agencia Espacial Europea. Su trayectoria incluye la participación en el descubrimiento y estudio de más de 200 exoplanetas, así como miles de horas de observación en los principales telescopios del mundo.
Un descubrimiento que cambiaría todo
Rafael Luque destaca que, en caso de encontrar vida, lo más probable es que se trate de organismos muy simples, como microorganismos. Sin embargo, incluso un hallazgo de este tipo tendría consecuencias profundas para la ciencia y la comprensión del universo.
Aunque la detección de vida en planetas similares a la Tierra que orbitan estrellas como el Sol requerirá tecnologías que no llegarán hasta las décadas de 2040 o 2050, la campaña actual podría marcar el camino. Un solo indicio claro de vida bastaría para transformar por completo nuestra visión del cosmos y del lugar que ocupamos en él.
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