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Un equipo de científicos ha puesto a prueba una posible solución para reducir los daños que las altas temperaturas provocan en los arrecifes de coral: instalar estructuras submarinas con forma de paraguas que proporcionen sombra a estos organismos marinos. La iniciativa de estas sombrillas submarinas busca limitar los efectos perjudiciales de la radiación solar sobre los corales durante los episodios de calor extremo, cada vez más preocupantes debido a la crisis climática.
El aumento de la temperatura del océano representa una de las principales amenazas para estos ecosistemas. Cuando el agua se calienta en exceso, los corales sufren un proceso conocido como blanqueamiento, durante el cual pierden su color y adquieren una tonalidad blanca. Este fenómeno está relacionado con la alteración de la relación que mantienen con unas algas microscópicas esenciales para su supervivencia. Sin ellas, los corales pierden una fuente fundamental de nutrientes y pueden terminar muriendo.
Aunque los arrecifes dañados pueden restaurarse mediante diferentes intervenciones, estos trabajos requieren tiempo, recursos económicos y un esfuerzo considerable. Además, los ejemplares recuperados siguen expuestos a nuevas olas de calor, por lo que la restauración, por sí sola, no garantiza su supervivencia a largo plazo.
Ante esta situación, los investigadores estudian alternativas que permitan reducir los daños antes de que sean irreversibles. Una de ellas consiste en colocar pantallas de sombra sobre colonias concretas de coral. Según un estudio publicado el viernes en la revista Frontiers in Marine Science, esta estrategia podría ayudar a proteger determinadas zonas del arrecife durante los periodos de mayor estrés térmico.
Las sombrillas submarinas fueron una protección temporal frente a la radiación solar
Las estructuras diseñadas por los científicos no enfrían el agua ni modifican directamente la temperatura del entorno marino. Su función consiste en disminuir la cantidad de luz que llega a los corales, especialmente la radiación ultravioleta y la energía solar que pueden agravar los efectos del calor sobre estos organismos.
Karen Neely, investigadora de la Universidad Nova Southeastern, en Estados Unidos, destaca que el blanqueamiento relacionado con las altas temperaturas constituye probablemente la amenaza más importante para los arrecifes a escala mundial. Por ello, insiste en que combatir el cambio climático resulta imprescindible para garantizar que estos ecosistemas puedan seguir existiendo en el futuro.
Sin embargo, la investigadora considera que las medidas de protección local también pueden desempeñar un papel relevante, aunque su alcance sea limitado. Las soluciones de las sombrillas submarinas no sustituyen a la reducción de las emisiones ni resuelven el calentamiento oceánico, pero podrían ofrecer un respiro temporal a determinados corales especialmente vulnerables.
La idea surgió tras el devastador episodio de blanqueamiento que afectó a Florida en 2023. Aquel verano, las temperaturas extremas prácticamente acabaron con los corales ramificados en la zona y provocaron graves daños en algunos corales cerebro de áreas costeras. A raíz de lo sucedido, el equipo de Neely decidió comprobar si existían herramientas capaces de preservar ejemplares concretos ante futuros episodios similares.
Un experimento en los Cayos de Florida
Durante el verano de 2024, los investigadores instalaron 20 sombrillas submarinas sobre 10 colonias de dos especies de coral: Pseudodiploria clivosa y Colpophyllia natans. El experimento se desarrolló en Newfound Harbor, situado en los Cayos de Florida.
Para evaluar los resultados, el equipo seleccionó otros 20 corales de características equivalentes, que permanecieron sin protección y sirvieron como grupo de control. De esta manera, los científicos pudieron comparar la evolución de los ejemplares expuestos directamente a la luz solar con la de aquellos que recibieron sombra.
Las pantallas se fabricaron con tubos a los que se incorporaron telas de nailon. Las estructuras se sujetaron temporalmente al fondo marino mediante cuerdas y se colocaron aproximadamente 30 centímetros por encima de los corales protegidos. Con este sistema consiguieron reducir la luz que alcanzaba a los organismos en un 60%.
El seguimiento se realizó mediante visitas de buceadores cada dos semanas. Durante estas inspecciones, los investigadores registraron los cambios de color de los corales y recogieron pequeñas muestras de tejido para estudiar las algas que viven en su interior.
Esta relación entre coral y alga es fundamental para comprender los resultados. Los corales proporcionan un espacio donde las algas pueden vivir, mientras que estas aportan la mayor parte de los nutrientes que necesitan sus huéspedes. Además, las algas son responsables de buena parte de la coloración característica de los corales. Cuando las condiciones ambientales alteran esta asociación, los corales pierden color y pueden quedar debilitados por la falta de alimento.
Menos pérdida de color durante los episodios de mayor calor
Los resultados mostraron que los corales protegidos por las pantallas experimentaron menos pérdida de color de la que cabría esperar. Las diferencias entre los ejemplares con sombrillas submarinas y los del grupo de control fueron especialmente visibles durante los periodos en los que el estrés térmico alcanzó sus niveles más elevados.
Además, algunos de los corales cubiertos por las estructuras recuperaron parte de su color después de que se instalaran las protecciones. Este hallazgo apunta a que reducir la exposición a la radiación solar podría contribuir a aliviar ciertos efectos del blanqueamiento, incluso cuando el agua continúa registrando temperaturas elevadas.
El estrés térmico medido en Newfound Harbor durante aquel verano fue el segundo más alto de la serie histórica. A pesar de ello, los científicos observaron menos blanqueamiento del previsto y no detectaron muertes entre los corales estudiados, tanto en los protegidos como en los que permanecieron expuestos.
Una posible explicación está relacionada con las consecuencias del episodio extremo de 2023. Según el equipo, la mayoría de los corales estaban colonizados por un alga del género Durusdinium, conocida por su elevada tolerancia al calor. Esta característica puede ayudar a los corales a soportar temperaturas elevadas, aunque se asocia también con un crecimiento más lento y posiblemente con una mayor vulnerabilidad a determinadas enfermedades.
Neely explica que las zonas sombreadas permitieron revertir parte del blanqueamiento observado. No obstante, reconoce que el episodio estudiado no fue lo suficientemente grave como para provocar mortalidad, ni siquiera entre los corales que no recibieron protección.
Las incógnitas que todavía debe resolver la investigación
Pese a los resultados positivos con las sombrillas submarinas, el estudio presenta limitaciones que será necesario abordar en futuras investigaciones. Una de ellas está relacionada con el análisis de las algas. Los científicos no encontraron diferencias entre los grupos protegidos y los de control en cuanto a la densidad o las especies de algas presentes en los tejidos.
Este resultado podría estar condicionado por las condiciones del muestreo. Los permisos concedidos al equipo exigían recoger las muestras en los bordes de las colonias, unas zonas que reciben menos luz y que, por tanto, suelen sufrir un blanqueamiento menos intenso. Esta circunstancia pudo dificultar la identificación de diferencias entre los corales.
Otra limitación fue el momento en el que se instalaron las pantallas. Los investigadores no pudieron colocarlas hasta bastante después de que la temperatura del agua alcanzara niveles capaces de desencadenar el blanqueamiento. Una intervención más temprana podría haber proporcionado una protección mayor, aunque esta posibilidad todavía debe comprobarse.
También queda por determinar si los beneficios se mantienen una vez retiradas las estructuras. El blanqueamiento que no provoca la muerte inmediata de un coral puede afectar a su susceptibilidad a las enfermedades y reducir su capacidad reproductiva en el futuro. Por ello, el equipo considera importante estudiar la evolución posterior de los ejemplares, prestando atención tanto a la aparición de enfermedades como a la producción reproductiva.
Una herramienta prometedora, pero no una solución definitiva
Los investigadores consideran que el éxito observado en las dos especies analizadas justifica ampliar los experimentos a otros tipos de coral. Sin embargo, todavía no se puede asegurar que las estructuras funcionen igual de bien en todos los arrecifes o bajo cualquier condición ambiental.
Existe, además, un límite que la tecnología no podrá superar necesariamente: si el estrés térmico alcanza una intensidad demasiado elevada, proporcionar sombra podría resultar insuficiente para evitar daños graves. Determinar en qué momento se alcanza ese umbral exigirá nuevas pruebas y observaciones.
La principal conclusión del estudio es que las sombrillas submarinas podrían convertirse en una herramienta complementaria para proteger colonias especialmente vulnerables durante episodios de calor extremo. Su utilidad potencial reside en reducir parte de la presión que soportan los corales, sin necesidad de enfriar el agua ni intervenir directamente en su relación con las algas.
Aun así, la conservación de los arrecifes requiere medidas más amplias. Reducir el calentamiento global continúa siendo fundamental para evitar que las olas de calor marinas sigan amenazando estos ecosistemas. Las sombrillas submarinas ofrecen una posible respuesta a pequeña escala, pero su eficacia a largo plazo y sus límites todavía deben establecerse. Para los científicos, el siguiente paso será averiguar cuándo, dónde y durante cuánto tiempo pueden proporcionar una protección significativa a los corales.
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