Ceuta inicia el curso escolar con 12.870 alumnos y un amplio dispositivo de seguridad

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vehículo militar franquea la entrada al IES Abyla, en Ceuta, el día del inicio del curso escolar

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Los colegios e institutos de Ceuta han iniciado este martes 8 de septiembre un nuevo curso escolar en un contexto excepcional, marcado por un amplio despliegue de seguridad en torno a los centros educativos. La imagen del regreso a clase ha estado protagonizada por la presencia de militares y agentes de la Policía en los accesos a los colegios e institutos, mientras que en el interior de los edificios la vigilancia corre a cargo de personal de seguridad privada.

Esta situación, que muchos vecinos ya describen como la “nueva normalidad”, ha acompañado a miles de estudiantes en una jornada de reencuentros, nervios y también incertidumbre. El dispositivo pretende garantizar la seguridad de la comunidad educativa tras los acontecimientos vividos en la ciudad durante las últimas semanas.

En total, 12.870 alumnos estaban llamados a reincorporarse a las aulas de los 13 colegios públicos, los 6 centros concertados y los 6 institutos de Educación Secundaria de la ciudad autónoma.

Un curso escolar con miles de estudiantes y las escuelas infantiles aplazadas

La distribución del alumnado refleja el peso de cada etapa educativa en Ceuta. Del total de estudiantes convocados para este inicio de curso escolar, 1.998 corresponden a Educación Infantil, 5.337 a Primaria, 4.501 a Secundaria y 1.034 a Bachillerato.

Sin embargo, no todos los niveles educativos han comenzado al mismo tiempo. Las escuelas infantiles municipales, destinadas a niños de entre 0 y 3 años, han visto retrasado el inicio de la actividad debido a la situación que atraviesa la ciudad. Por el momento, la incorporación de estos menores queda pospuesta hasta nueva fecha.

Mientras tanto, el Ministerio de Educación ha informado de que la asistencia durante esta primera jornada ha alcanzado el 65 % en los centros de Primaria y el 83 % en los institutos, unos datos que reflejan que numerosas familias han optado por esperar antes de enviar a sus hijos al colegio.

Familias divididas entre la prudencia y la necesidad de volver

A primera hora de la mañana, las puertas del IES Abyla reunían a decenas de estudiantes acompañados por sus padres. Entre ellos estaba Rabih Aomar, que llevaba a su hija Amina, de 14 años, en su primer día de 3.º de ESO.

La adolescente reconocía afrontar el regreso con sentimientos encontrados. Confesaba sentirse nerviosa y algo preocupada, aunque al mismo tiempo tenía ilusión por reencontrarse con sus compañeros y profesores. Para ella, volver a clase resultaba extraño por el ambiente de seguridad que rodeaba al instituto.

Su padre, sin embargo, mostraba una visión mucho más crítica. Considera que no puede calificarse de normal una vuelta al colegio rodeada de militares y policías y asegura que todavía no se siente tranquilo. De hecho, sus otros dos hijos, de 7 y 10 años, ambos matriculados en Primaria, no han acudido este martes a clase. La familia ha decidido esperar hasta la próxima semana para comprobar cómo evoluciona la situación antes de incorporarlos.

A pocos metros del instituto se encuentra el CEIP Ortega y Gasset, donde también se respiraba una mezcla de preocupación y esperanza. Allí esperaba Alicia junto a su abuelo José, encargado de acompañarla durante esta primera jornada.

El hombre explica que en su familia hay cinco docentes, por lo que nunca contemplaron la posibilidad de que la niña faltara al inicio del curso escolar. Mientras él la llevaba al colegio, los padres de la menor acudían al CEIP Reina Sofía, donde ambos ejercen como profesores.

Este centro se encuentra situado en el entorno del Príncipe Alfonso, una de las zonas que más atención ha concentrado tras la llegada masiva de migrantes registrada a finales de julio.

También en Ortega y Gasset, Bayan acudía con sus dos hijas convencida de que era importante retomar la vida escolar. La joven madre, de 29 años, defiende que la ciudad necesita recuperar poco a poco la normalidad y por eso Raysel y Asiil comenzaron sus clases de 1.º y 3.º de Primaria cargadas con sus mochilas y con ganas de volver a aprender.

La conciliación obliga a muchas familias a seguir adelante

Para numerosas familias, además del componente emocional, existe una realidad práctica: la necesidad de conciliar el trabajo con el cuidado de los hijos.

Bayan reconoce que la sensación de inseguridad existe, pero explica que tanto ella como su pareja trabajan y que ya no pueden seguir dependiendo de los abuelos. Durante el verano hicieron todo lo posible para entretener a las niñas con salidas puntuales al parque y espacios de ocio cerrados, pero considera que ha llegado el momento de regresar al colegio y comenzar el nuevo curso escolar.

Aunque admite que resulta impactante que los menores convivan diariamente con vigilantes de seguridad dentro del centro y con militares y policías en el exterior, entiende que esa es la realidad que les ha tocado vivir. Su intención es permanecer pendiente de sus hijas y acercarse varias veces al colegio durante la mañana, ya que trabaja muy cerca.

La incertidumbre también acompañaba a Mayte Carrillo, madre de Laura, alumna de 6.º de Primaria. Explica que durante las últimas semanas había logrado mantenerse relativamente tranquila, pero que el primer día de clase le ha despertado nuevos temores ante la posibilidad de que pueda producirse algún incidente.

Aun así, considera fundamental que su hija vuelva a relacionarse con otros niños después de pasar prácticamente todo el mes de agosto en casa. Esa necesidad de recuperar la convivencia escolar ha pesado más que el miedo.

Lo que sí cambiará será la rutina diaria. Si el curso escolar pasado Laura acudía sola al colegio y anteriormente bastaba con dejarla en el paso de peatones, este año será su madre quien la acompañe cada mañana hasta la entrada del centro.

La atención a los alumnos más vulnerables

Entre los vehículos estacionados junto al colegio esperaba también Nordi junto a su hija Inés. Ambos permanecían dentro del coche hasta que disminuyera la afluencia de personas en la puerta del centro.

La razón es que la niña es autista y sus padres quieren evitarle una situación de estrés innecesaria en un momento ya de por sí complejo. Nordi asegura que tanto él como su esposa tenían muy claro que Inés debía asistir al colegio, especialmente porque consideran que la escolarización es esencial para su desarrollo y porque creen que esa zona de la ciudad es relativamente tranquila.

Una percepción similar comparte Fátima, madre de cinco hijos, que acompañaba al pequeño Karim en su primer día de 4.º de Primaria. Ella afirma sentirse serena y transmite confianza a su hijo, aunque el niño reconoce con sinceridad que le daría miedo encontrarse con un grupo numeroso de personas. Aun así, asegura que tenía muchísimas ganas de volver al colegio después de haber pasado todo el verano en casa de su abuela.

Con emociones distintas, pero con un objetivo común, miles de familias ceutíes han dado comienzo a un curso escolar que arranca bajo un dispositivo de seguridad sin precedentes y con el reto de devolver la estabilidad a la vida cotidiana de la ciudad.

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