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Europa da hoy un golpe de efecto definitivo en materia de sostenibilidad ambiental y salud pública. Las sustancias PFAS (perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas), denominadas popularmente como ‘químicos eternos’, están oficialmente restringidas en todo el extenso territorio comunitario. Estas sustancias químicas se empleaban tradicionalmente como barrera antigrasa y antihumedad en papel y cartón destinados a la fabricación de envases alimentarios en contacto con la comida, tales como envoltorios de comida rápida, vasos o bandejas. La restricción coincide con el inicio de la aplicación del nuevo Reglamento Europeo sobre Envases y Residuos de Envases.
La peligrosidad de estas sustancias estriba en su persistencia en el medio ambiente y los organismos tras el consumo de alimentos, relacionándose con graves problemas de salud. Este nuevo marco legal supone “el mayor cambio normativo en 30 años” en la Unión Europea, según sostiene Ovidio Soler, coordinador de Asuntos Regulatorios y Europeos de Ecoembes. La normativa deja atrás el modelo enfocado únicamente en objetivos de reciclaje por material para pasar a regular todo el ciclo de vida: diseño, composición, etiquetado y demostración de reciclabilidad.
Prohibiciones inmediatas y mayor responsabilidad industrial
Además, Soler subraya que el peso del cumplimiento recae ahora ‘aguas arriba’, fijando obligaciones más estrictas para quienes diseñan, fabrican y comercializan los productos. De este modo, aunque los ciudadanos noten cambios graduales en los puntos de venta y contenedores, no cargan con la responsabilidad legal. La aplicación del reglamento se desarrollará progresivamente, si bien desde este miércoles queda prohibido vender envases alimentarios que superen los límites estipulados para sustancias PFAS.
El calendario avanzará a ritmo acelerado. En 2027, los bares y restaurantes deberán aceptar recipientes reutilizables traídos por los propios clientes para comida o bebida para llevar. Esta norma facilitará generalizar los vasos reutilizables con depósito en festivales, conciertos y eventos deportivos.
Etiquetado armonizado y uso de envases alimentarios reutilizables
Uno de los avances más destacados se vivirá en 2028 con la implantación del etiquetado armonizado. Para entonces, los recipientes lucirán un pictograma común, se reetiquetarán los contenedores municipales y se fijarán criterios técnicos de reciclabilidad. Asimismo, los locales de restauración y bares deberán ofrecer la opción de llevarse la comida en envases alimentarios reutilizables sin aplicar ningún coste adicional.
Por otra parte, desde el 1 de enero de 2029 será obligatorio alcanzar un 90 % de recogida selectiva de botellas de plástico y latas de bebida. Esto implicará la implantación del Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), un mecanismo equivalente al clásico 'devolver el casco'. Aunque España debería adaptar legalmente este sistema como muy tarde en noviembre de 2026, la organización Greenpeace advierte que está “en riesgo de no aplicarse a tiempo” por la dilación de las administraciones y la industria.
Prohibiciones clave a partir de 2030 y metas de reciclabilidad
La llegada de 2030 marcará prohibiciones muy visibles para el consumidor. Estarán prohibidos los envoltorios plásticos para frutas y verduras frescas de menos de 1,5 kilos, las monodosis plásticas de salsas o azúcar servidas en restauración y las agrupaciones plásticas para latas o botellas. Tampoco se permitirán las habituales amenities de un solo uso en hoteles salvo petición expresa del cliente, ni bolsas plásticas muy ligeras de menos de 15 micras. Del mismo modo, el plástico de un solo uso en locales se limitará a consumos exteriores.
Paralelamente, el principio general exigirá que no se vendan envases alimentarios que no sean reciclables, exigiendo un contenido mínimo del 70 % de reciclabilidad para 2030 y elevándolo al 80 % de cara a 2038.
Críticas de las ONGs: entre la oportunidad perdida y el punto de inflexión
A pesar de los avances, las organizaciones ecologistas muestran posturas encontradas. Para Greenpeace, el reglamento resulta una “oportunidad perdida para atajar de raíz la crisis global de contaminación por plásticos”, al considerar que cede ante el lobby del 'usar y tirar'. Julio Barea, responsable de la campaña de Residuos de la ONG, señala que las metas de reducción (5 % para 2030, 10 % para 2035 y 15 % para 2040) son insuficientes: “Crean normas de reducción, pero no cierran el grifo de la producción”.
En contraste, desde Ecologistas en Acción, su portavoz Carlos Arribas califica la norma de hito: “La era del plástico de un solo uso toca a su fin. Reducir residuos y reutilizar los envases alimentarios es el camino marcado para avanzar hacia una economía circular”. De esta forma, la transición hacia modelos libres de contaminantes en los envases alimentarios ya no tiene marcha atrás.
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