El 80 % de los pacientes no siguen las medidas terapéuticas un año después de un infarto cardiaco

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08/12/2024 - 11:30
Infarto cardiaco

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Un reciente estudio realizado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y el Instituto de Investigación del Hospital 12 de Octubre ha revelado que el 84,6 % de los pacientes que sufren un infarto cardiaco agudo de miocardio no siguen adecuadamente las medidas terapéuticas de prevención secundaria, que incluyen la medicación, una dieta saludable y la actividad física. Este estudio, publicado en el American Journal of Preventive Cardiology, subraya la importancia de adherirse a estos hábitos para reducir el riesgo de nuevos problemas cardíacos y mejorar la salud a largo plazo. 

Factores que influyen en la adherencia a las medidas de prevención

El estudio analizó a 503 pacientes que habían recibido una intervención coronaria percutánea tras un infarto cardiaco. Los resultados son alarmantes: al año de recibir el alta hospitalaria, un 67,1 % de los pacientes no toma la medicación de manera adecuada, el 43,24 % no sigue las recomendaciones dietéticas (como la dieta mediterránea), y un 28,6 % no realiza actividad física o, en su lugar, solo lleva a cabo ejercicios de baja intensidad. 

Entre los factores que dificultan la adherencia a las medidas de prevención secundaria, se destacan varios aspectos sociales y de salud. Los investigadores identificaron que las mujeres, debido a los roles de cuidado familiar que tradicionalmente se les asignan, tienen más dificultades para cumplir con las recomendaciones, especialmente en cuanto a la actividad física. Además, condiciones como la diabetes mellitus, la depresión, la enfermedad renal crónica, el sobrepeso o la obesidad también se relacionan con una menor adherencia.

El estudio también reveló que aquellos pacientes que siguen las tres medidas de prevención secundaria (medicación, dieta y ejercicio) tienen un riesgo significativamente menor de hospitalización, con un 7,1 % de los adherentes hospitalizados frente a un 17,1 % de los que no cumplen con al menos una de las tres recomendaciones. Esto subraya la importancia de seguir estas pautas para evitar complicaciones adicionales y mejorar el pronóstico de los pacientes.

Síntomas de un infarto cardíaco

El infarto agudo de miocardio, conocido comúnmente como infarto de miocardio o ataque al corazón, se produce cuando el flujo de sangre hacia una parte del corazón se ve bloqueado, lo que impide que el músculo cardíaco reciba oxígeno. Los síntomas más comunes de un infarto incluyen:

- Dolor o presión en el pecho, que puede irradiar hacia el brazo izquierdo, la mandíbula, el cuello o la espalda.

- Dificultad para respirar.

- Sudoración excesiva.

- Mareos o desmayos.

- Náuseas o vómitos.

- Sensación de indigestión o acidez estomacal.

Es importante destacar que los síntomas pueden variar entre las personas, y especialmente las mujeres pueden experimentar manifestaciones menos típicas, como fatiga inusual, dolor en la parte superior del abdomen o dificultad para respirar sin dolor en el pecho.

El reconocimiento temprano de estos síntomas y la atención médica inmediata son cruciales para salvar vidas y minimizar el daño al corazón. Además, después de un infarto, seguir las medidas de prevención secundaria, como la medicación, la dieta y la actividad física, es fundamental para evitar nuevos episodios y mejorar la calidad de vida.

Estrategias para mejorar la adherencia a las medidas de prevención

El estudio dirigido por Guillermo Moreno subraya la necesidad de identificar a los pacientes con mayor riesgo de no adherirse a las medidas de prevención secundaria. Los factores de riesgo conocidos, como la carga de cuidados familiares y las condiciones médicas preexistentes, deben ser tenidos en cuenta para proporcionar un apoyo más personalizado a los pacientes. Involucrar a la familia, ofrecer intervenciones educativas y realizar seguimientos regulares puede ser clave para mejorar la adherencia y, por ende, el pronóstico de los pacientes después de un infarto.

La prevención secundaria, cuando se realiza correctamente, puede marcar la diferencia en la vida de los pacientes, reduciendo no solo el riesgo de complicaciones cardíacas, sino también el riesgo de muerte prematura por enfermedades cardiovasculares.

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