En busca de las nacras, el gigante del Mediterráneo desaparecido de Tabarca por una pandemia letal

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Desaparición de las nacras en el Mediterráneo

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Las nacras (Pinna nobilis), el mayor bivalvo del Mediterráneo, han pasado en pocos años de ser una presencia habitual en las costas de Alicante a convertirse en una rareza casi imposible de encontrar. Una pandemia marina provocada por un protozoo ha diezmado sus poblaciones, y hoy científicos de toda la cuenca mediterránea intentan localizar los últimos indicios de supervivencia, con Tabarca como uno de los principales escenarios de investigación y esperanza.

Nacras: el gigante del Mediterráneo que marcaba el fondo marino

Hace apenas una década, los buceadores que se sumergían en las costas de Alicante se encontraban con una imagen imponente: grandes conchas en forma de abanico clavadas verticalmente en los fondos marinos.

Las nacras (Pinna nobilis), el mayor bivalvo del Mediterráneo, podían superar el metro de longitud y eran habituales en praderas de posidonia y zonas arenosas poco profundas. Su presencia era tan común que formaban parte del paisaje submarino habitual de la zona.

Además, las nacras cumplían una función clave como filtradoras naturales, ayudando a mantener la calidad del agua y el equilibrio del ecosistema.

El colapso repentino de una especie

Hoy, sin embargo, encontrar vivas es una rareza extrema. La especie ha sufrido un colapso repentino en todo el Mediterráneo occidental debido a una pandemia marina causada por el protozoo Haplosporidium pinnae. Este patógeno se extendió con rapidez y provocó una mortalidad masiva en muy poco tiempo.

En zonas como Tabarca, donde antes eran abundantes, este bivalvo desapareció en cuestión de semanas. La gravedad del episodio llevó a catalogarlas en peligro crítico y a activar programas de seguimiento en toda la cuenca mediterránea.

Tabarca, laboratorio de supervivencia

La isla de Tabarca, pequeña, pero de gran valor ecológico, se ha convertido en un punto clave de investigación. Sus fondos marinos, que antes estaban poblados por nacras, son ahora escenario de proyectos científicos que intentan detectar cualquier signo de recuperación. Los equipos instalan dispositivos de muestreo para capturar larvas en suspensión y comprobar si alguna logra asentarse en el fondo marino.

Este trabajo es lento y complejo, ya que la especie es muy vulnerable en sus primeras fases de vida. Aun así, cada campaña se realiza con la esperanza de encontrar indicios de recuperación natural.

Redes de investigación en todo el Mediterráneo

El proyecto de Tabarca no es aislado, sino que forma parte de una red internacional de seguimiento. Investigadores de varios países analizan posibles zonas refugio donde podrían haber sobrevivido.

Entre ellas destacan el Mar Menor y el Delta del Ebro, donde las condiciones ambientales parecen haber limitado la expansión del patógeno. En estos enclaves se han localizado algunos ejemplares aislados, lo que mantiene una mínima esperanza de recuperación futura, aunque la situación sigue siendo muy frágil.

Un papel clave para el ecosistema marino

Más allá de su valor simbólico, las nacras desempeñan una función ecológica esencial. Actúan como grandes filtros naturales del agua, eliminando partículas en suspensión y mejorando la transparencia del mar.

Además, sus conchas sirven de refugio para otras especies, aumentando la biodiversidad del entorno. Su desaparición ha supuesto no solo la pérdida de un organismo emblemático, sino también un impacto directo en el equilibrio de los ecosistemas costeros.

Por ello, los esfuerzos científicos continúan activos, con la esperanza de que algún día las nacras vuelvan a ocupar los fondos del Mediterráneo.

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