La escasez de pastos pone contra las cuerdas a la ganadería ecológica catalana

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Los pastos escasean y la ganadería ecológica catalana peligra

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La ganadería ecológica catalana afronta un escenario cada vez más complicado por la combinación de lluvias irregulares y temperaturas elevadas. La falta de precipitaciones ha reducido de forma considerable la disponibilidad de pastos y forrajes, especialmente en las zonas de montaña del norte de Cataluña, donde algunas explotaciones han perdido hasta la mitad de sus recursos naturales para alimentar al ganado.

La situación preocupa especialmente a los productores que dependen de los recursos del territorio para mantener un modelo de producción basado en criterios ecológicos. Ante la falta de alimento disponible, las granjas tienen que recurrir a la compra de materias primas en el exterior, pero el mercado ofrece pocas alternativas ecológicas y, además, a precios elevados. El incremento de los costes amenaza así la estabilidad económica de numerosas explotaciones.

JARC reclama medidas excepcionales ante la falta de alimento

La organización Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya (JARC) ha pedido al Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación que actúe con rapidez para afrontar las consecuencias de esta situación.

La principal propuesta pasa por permitir, de manera temporal y bajo determinadas condiciones, que las explotaciones afectadas puedan utilizar alimentos convencionales sin que ello implique la pérdida de su certificación ecológica. La organización considera que esta posibilidad podría funcionar como una medida de emergencia para aquellas zonas y granjas en las que pueda demostrarse que existe una escasez extraordinaria de materias primas.

La solicitud pretende evitar que los ganaderos tengan que escoger entre asumir costes inasumibles o poner en riesgo la continuidad de sus explotaciones. Al mismo tiempo, permitiría garantizar que los animales dispongan de una alimentación suficiente durante un periodo especialmente complicado.

Hasta un 50 % menos de pastos y forrajes

Los datos aportados por JARC reflejan la magnitud del problema. En determinadas áreas de la mitad norte de Cataluña, la producción de pastos y forrajes de montaña se habría reducido hasta un 50 % debido a la combinación de unas precipitaciones desiguales y temperaturas elevadas.

Esta disminución tiene un efecto directo sobre las explotaciones. Los pastos constituyen una fuente esencial de alimentación para muchos sistemas ganaderos, por lo que cuando la disponibilidad natural cae, aumenta automáticamente la dependencia de alimentos adquiridos fuera de la explotación.

El problema se agrava porque los productos destinados a la producción ecológica no siempre están disponibles en cantidades suficientes. Además, la mayor demanda y la escasez pueden elevar todavía más sus precios. Para las granjas con menos margen económico, mantener el suministro de alimento puede convertirse en una carga difícil de asumir.

Las reservas de las explotaciones también están en riesgo

Las reservas de forraje almacenadas permiten a los ganaderos afrontar periodos desfavorables, pero funcionan como un recurso limitado. Si las existencias deben utilizarse antes de lo previsto para compensar la falta de pastos, el colchón disponible para los próximos meses disminuye.

Esta circunstancia añade incertidumbre al futuro inmediato. Una campaña con poca producción de forraje no solo afecta a las necesidades actuales, sino que puede comprometer la capacidad de las explotaciones para afrontar nuevas dificultades climáticas.

En el caso de la ganadería ecológica, la situación presenta una dificultad adicional. La alimentación de los animales debe ajustarse a los requisitos establecidos para conservar la certificación, de modo que no todas las materias primas disponibles en el mercado pueden utilizarse libremente.

Por ello, una reducción importante de los pastos puede acabar generando un doble problema: falta física de alimento y dificultades para encontrar alternativas que cumplan las condiciones de la producción ecológica.

La normativa europea contempla situaciones extraordinarias

JARC sostiene que la petición de flexibilidad cuenta con respaldo en la normativa europea sobre producción ecológica. La legislación contempla mecanismos excepcionales que pueden utilizarse en determinadas circunstancias extraordinarias, entre ellas situaciones derivadas de condiciones climáticas adversas.

En determinados territorios y durante periodos concretos, las autoridades competentes pueden establecer excepciones que permitan recurrir temporalmente a piensos convencionales cuando sea necesario para hacer frente a una situación de emergencia.

El objetivo no sería modificar de manera permanente las reglas de la producción ecológica, sino ofrecer una herramienta temporal para superar un episodio excepcional. Para los ganaderos, disponer de esta posibilidad con suficiente antelación también permitiría organizar mejor las compras y evitar decisiones tomadas cuando las reservas ya estén prácticamente agotadas.

Una respuesta rápida podría aliviar la presión económica

La petición de JARC tiene tanto una dimensión productiva como económica. La compra de mayores cantidades de alimento exterior incrementa los gastos de las explotaciones, mientras que el precio de las materias primas ecológicas añade una presión adicional.

La posibilidad de utilizar excepcionalmente alternativas convencionales podría reducir parte de ese impacto y proporcionar mayor margen a las granjas para afrontar la emergencia. También contribuiría a evitar que explotaciones que hasta ahora han sido viables tengan que reducir su actividad o incluso plantearse el abandono.

Para que la medida sea compatible con las garantías de la producción ecológica, la Administración debería determinar qué zonas se encuentran realmente afectadas, acreditar las circunstancias excepcionales y establecer los controles correspondientes.

De esta forma, sería posible introducir cierta flexibilidad sin poner en cuestión la confianza de los consumidores en el sistema de certificación ecológica.

El bienestar animal, en el centro de la preocupación

Más allá de las consecuencias económicas, la disponibilidad de alimento tiene una relación directa con el bienestar de los animales. Las explotaciones necesitan garantizar una alimentación suficiente y adecuada incluso cuando las condiciones meteorológicas reducen drásticamente la producción de pastizales.

Por este motivo, JARC considera que una actuación temprana permitiría proteger al mismo tiempo a los animales y a las familias que dependen de las explotaciones. El objetivo es evitar que una situación climática excepcional termine provocando problemas de mayor alcance en el sector ganadero.

La rapidez será especialmente importante si la escasez de pastizales continúa y las reservas acumuladas siguen disminuyendo. Cuanto más se prolongue la situación, mayor será la necesidad de comprar alimento y, por tanto, mayor la presión sobre las cuentas de las explotaciones.

El cambio climático aumenta la vulnerabilidad del modelo ganadero

La actual crisis de los pastos también pone de manifiesto la dependencia de la ganadería respecto a las condiciones naturales. Las variaciones en las precipitaciones y el aumento de las temperaturas pueden modificar en poco tiempo la cantidad de forraje disponible.

En la producción ecológica, esta vulnerabilidad puede ser especialmente significativa debido a las exigencias sobre el origen y las características de los alimentos utilizados. Si diferentes territorios sufren simultáneamente una reducción de la producción, encontrar materias primas ecológicas suficientes puede resultar todavía más complicado.

A medio y largo plazo, el sector deberá reforzar su capacidad para afrontar campañas adversas mediante una mejor planificación de las reservas, la diversificación de las fuentes de alimentación y una mayor resistencia de los pastizales.

Una emergencia que puede convertirse en un problema estructural

La pérdida de hasta el 50 % de los pastizales y forrajes en determinadas zonas del norte catalán no representa únicamente una mala temporada para los ganaderos. Si la falta de lluvias y las temperaturas elevadas siguen afectando a la producción de alimento, las consecuencias pueden prolongarse y trasladarse directamente a la viabilidad económica de las explotaciones.

La ganadería ecológica catalana necesita, por tanto, una respuesta que permita superar la emergencia sin renunciar a los principios que sustentan este modelo productivo. La propuesta de JARC busca precisamente ese equilibrio: mantener los estándares ecológicos, pero permitir una excepción temporal allí donde las circunstancias hagan imposible garantizar el suministro habitual.

La decisión del Govern catalán será determinante para evitar que la escasez de pastizales termine agravando la situación financiera de las granjas. Actuar antes de que las reservas se agoten puede marcar la diferencia entre una dificultad temporal y una crisis capaz de poner en peligro la continuidad de explotaciones y familias vinculadas al sector.

La falta de pastos se ha convertido así en una prueba de resistencia para la ganadería ecológica catalana. Con una reducción de recursos naturales que llega hasta el 50 % en algunas áreas, precios elevados y una oferta limitada de materias primas ecológicas, el margen de maniobra de los productores se estrecha. Una intervención excepcional y rápida podría aportar el oxígeno necesario para proteger el ganado, sostener las explotaciones y evitar que una emergencia climática termine transformándose en una crisis ganadera de mayor alcance.

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