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El investigador de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), Marcel Jansen, defendió este martes la conveniencia de implantar un sistema que incentive a las empresas que mantienen una mayor estabilidad en sus plantillas y penalice a aquellas que registran elevados niveles de rotación y despidos. La propuesta surge como alternativa a las iniciativas que promueven el Ministerio de Trabajo y las organizaciones sindicales para endurecer las condiciones del despido en España.
La reflexión fue expuesta durante la presentación de un informe elaborado por Fedea sobre el impacto de la reforma laboral, en un acto en el que participaron varios economistas especializados en mercado de trabajo. Durante su intervención, Jansen señaló que actualmente el despido en contratos indefinidos de corta duración resulta “relativamente barato”, una circunstancia que, a su juicio, merece ser analizada antes de adoptar nuevas modificaciones legislativas.
Un modelo basado en la responsabilidad empresarial
El economista consideró que todavía es necesario seguir observando los efectos de la reforma laboral durante un periodo más amplio para evaluar con precisión sus consecuencias. No obstante, avanzó que existen fórmulas que podrían mejorar el funcionamiento del mercado laboral sin recurrir necesariamente al endurecimiento del despido.
En este sentido, propuso establecer mecanismos que premien a las compañías con bajos niveles de rotación de personal y sancionen a aquellas que recurren de forma excesiva a la sustitución constante de trabajadores. Según explicó, este modelo, conocido como sistema de “bonos malos”, permitiría corregir comportamientos empresariales que favorecen la inestabilidad laboral.
Jansen destacó que esta alternativa presenta importantes ventajas frente a la estrategia defendida por el Ministerio de Trabajo, centrada en reforzar las restricciones asociadas a la extinción de contratos indefinidos. Desde su punto de vista, un sistema de incentivos resulta más eficaz para fomentar relaciones laborales duraderas sin generar efectos indeseados sobre la contratación.
Riesgo de impulsar fórmulas más precarias
Durante su exposición, el investigador subrayó que la generalización de los contratos indefinidos requiere un marco jurídico equilibrado que aporte seguridad tanto a los trabajadores como a las empresas. A su juicio, las compañías deben disponer de mecanismos que les permitan afrontar situaciones económicas adversas sin encontrarse con obstáculos excesivos para ajustar sus plantillas cuando existan causas justificadas.
Por ello, advirtió de que un endurecimiento excesivo de las condiciones de despido podría terminar provocando consecuencias contrarias a las pretendidas. En concreto, alertó sobre la posibilidad de que algunas empresas opten por recurrir a modalidades laborales más precarias para evitar los costes y riesgos asociados a los contratos indefinidos tradicionales.
Entre esas alternativas mencionó el contrato fijo discontinuo, figura que podría ganar protagonismo si el marco regulatorio de los contratos fijos se vuelve demasiado rígido.
Balance positivo de la reforma laboral
Más allá de sus propuestas de mejora, Jansen realizó una valoración claramente favorable de la reforma laboral. Según indicó, la norma ha conseguido un “éxito incontestable” en uno de sus principales objetivos: reducir significativamente la temporalidad en el mercado de trabajo español.
De acuerdo con los datos analizados por Fedea, la tasa de temporalidad en el sector privado se ha situado ya en niveles comparables a la media de los países europeos. No obstante, el economista matizó que siguen existiendo diferencias importantes entre provincias, lo que evidencia que el impacto de la reforma no ha sido homogéneo en todo el territorio nacional.
Uno de los efectos más destacados identificados en el estudio es el aumento de las posibilidades de los jóvenes para acceder a contratos indefinidos. Según explicó Jansen, la entrada en vigor de la reforma laboral ha provocado incrementos de entre 30 y 40 puntos porcentuales en este tipo de contratación para este colectivo.
El investigador calificó este resultado como un “efecto descomunal”, al considerar que supone una transformación muy relevante respecto a la situación existente antes de la reforma.
Sin embargo, también señaló que el impacto es más limitado cuando se analiza el primer empleo que obtiene un joven. En estos casos, la duración media del trabajo apenas aumenta en 8,2 días, una mejora considerada modesta en comparación con el fuerte crecimiento de la contratación indefinida.
La duración de los contratos, uno de los retos pendientes para el trabajo
A partir de estos datos, Jansen planteó la necesidad de analizar por qué la reducción de la contratación temporal no se ha traducido en una mejora proporcional de otros indicadores laborales.
Entre los elementos estudiados figura la duración de los contratos indefinidos ordinarios. Según los datos expuestos, la duración media del primer contrato de este tipo entre 2014 y 2023 se redujo en aproximadamente 100 días al comparar los periodos anteriores y posteriores a la reforma laboral.
Para el economista, esta situación refleja que muchas necesidades temporales de las empresas están siendo cubiertas actualmente mediante contratos indefinidos. No obstante, insistió en que este fenómeno no debe interpretarse automáticamente como un uso fraudulento de la contratación.
Asimismo, recordó que las causas que motivan las salidas de los empleados del trabajo apenas han variado respecto a etapas anteriores. De hecho, alrededor del 60 % de las bajas laborales continúan registrándose oficialmente como abandonos voluntarios por parte de los propios trabajadores, una cifra que se mantiene estable y que demuestra que la dinámica de las extinciones contractuales sigue respondiendo a múltiples factores más allá de la regulación vigente.
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