El verano en el pueblo, el nuevo antídoto contra el aislamiento y el estrés de las grandes ciudades

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Beneficios de veranear en el pueblo

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El veraneo en los pueblos, ya sean costeros o de interior, sigue siendo una práctica profundamente arraigada en España, hasta el punto de que seis de cada diez españoles eligen estos destinos rurales de montaña o del litoral para sus vacaciones, según datos del barómetro del CIS de 2024. Este fenómeno, analizado por la profesora de la Universidad Europea de Valencia, la Dra. Fátima Gómez Sota, refleja un comportamiento social que va mucho más allá de un simple viaje de ocio.

Los expertos hablan sobre los beneficios de veranear en el pueblo

Para la experta, veranear en estos entornos de origen familiar o segundas residencias constituye una práctica clave vinculada estrechamente a la memoria territorial. "El pueblo funciona como un espacio de identidad y de reconstrucción de la memoria colectiva que para las familias supone una valiosa oportunidad de transmitir valores basados en la vuelta a las tradiciones", explica Gómez Sota.

Frente al estrés propio de la ciudad o la masificación del turismo, la tranquilidad del pueblo reconfigura las relaciones sociales de una manera única. Gómez Sota describe este retorno temporal a las raíces, personificado en la casa de los abuelos o los amigos de toda la vida como un entorno de confianza capaz de estrechar lazos intergeneracionales. Las vacaciones rurales actúan como un antídoto privilegiado contra el aislamiento de la vida urbana abriendo la puerta a un espacio relacional donde se reactiva el sentimiento de comunidad. En este ecosistema, se prioriza la calidez de un tejido social conocido, acogedor y predecible.

No obstante, el significado de este viaje de vuelta varía notablemente entre las distintas franjas de edad, especialmente en lo que respecta a las nuevas generaciones.

La socióloga puntualiza que muchos jóvenes ya no disponen de un pueblo de referencia heredado al nivel de sus padres por lo que tienden a diversificar sus vacaciones combinando la estancia rural con otros destinos de ocio. "El interés por lo rural no desaparece y el pueblo ya no es solo un lugar heredado sino un espacio elegido por valores asociados a la naturaleza, la tranquilidad y la autenticidad", aclara.

El valor de la pausa y los rituales diarios

Una de las grandes virtudes terapéuticas de estas vacaciones reside en el valor de la pausa y los rituales diarios que vertebran el tiempo como la siesta, el almuerzo o las charlas bajo la sombra. En un ritmo social acelerado y marcado por la constante

búsqueda de la productividad tecnológica, la profesora de la Universidad Europea de Valencia advierte del peligro de perder aquellas costumbres cotidianas que humanizan a las comunidades. “Estas actividades funcionan como técnicas simbólicas para transformar el simple ‘estar en el mundo’ en un reconfortante ‘estar en casa’”, explica. De esta manera, el aparente ‘no hacer nada’ se convierte en una valiosa herramienta de restauración mental.

Finalmente, esta transformación en los ritmos propicia la aparición de una sensación de ‘tribu’ o de comunidad. Gómez Sota expone que, frente al individualismo y la desconfianza en la sociedad contemporánea, el pueblo emerge como una sólida red de seguridad colectiva.

Este entorno permite que los niños jueguen libres en las calles o que las puertas de las casas permanezcan abiertas sin temor. “De este modo, la vuelta al origen mitiga el recelo urbano, animándonos a recuperar el placer de conversar sin prisas bajo la luz de la luna y el calor de agosto”.

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