Dormir bien afecta directamente a procesos fisiológicos, como la consolidación de la memoria, la regulación hormonal, el control de la respuesta inmune e inflamatoria, la regularización vascular, etc.
Experimentar una mayor somnolencia diurna durante un periodo de cinco años se vincula con el doble de riesgo de desarrollar demencia durante esa etapa entre las mujeres mayores de 80 años.