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El dolor lumbar es la principal causa de años vividos con discapacidad en España y uno de los motivos más frecuentes de consulta en atención primaria. Un nuevo estudio revela que la probabilidad de que un trabajador solicite la baja por esta dolencia no depende exclusivamente del daño físico en las vértebras, sino de una combinación compleja de factores laborales, psicológicos y demográficos.
Ser autónomo es el único factor asociado a un menor riesgo de baja laboral por dolor lumbar a lo largo de los siguientes 18 meses, y a un riesgo también menor de que, en caso de producirse, genere 30 o más días de baja durante ese periodo. Así lo concluye un estudio científico sobre absentismo laboral por dolor lumbar en nuestro país y refrendado por la revista Occupational and Environmental Medicine, la publicación especializada en medicina laboral del grupo British Medical Journal.
Los investigadores analizaron 77 factores que estudios previos habían demostrado asociarse a la intensidad del dolor, al grado de discapacidad y a la evolución de ambos parámetros, incluyendo aspectos sociodemográficos (como edad, sexo, o nivel académico), clínicos (como la intensidad, duración y los agravantes del dolor o la existencia de dolor irradiado), psicológicos (como el uso de ansiolíticos y antidepresivos, la intensidad de los pensamientos catastrofistas o el tener miedo a perder el empleo), laborales (como ser autónomo o asalariado, el tipo y duración del contrato, o las exigencias físicas del trabajo), y económicos (como el nivel de ingresos, la proporción de fijos y variables, o la repercusión de una eventual baja laboral sobre ellos).
Este estudio ha analizado qué factores se asocian a la solicitud de baja laboral por dolor lumbar y a su duración en España, con el objetivo de desarrollar modelos predictivos que anticipen qué trabajadores tienen mayor probabilidad de solicitarla y su duración, e identificar aquéllos en los que deberían aplicarse medidas preventivas de manera prioritaria.
Los factores físicos y la carga mecánica
Como es de esperar, el riesgo es significativamente mayor en profesiones que requieren esfuerzos físicos constantes, levantamiento de cargas pesadas o posturas forzadas. Sin embargo, el estudio destaca un factor de riesgo en aumento: el sedentarismo extremo. El mantenimiento de una misma postura durante más de seis horas diarias —común en trabajos de oficina— genera una presión intradiscal que acaba derivando en procesos inflamatorios.
La movilidad laboral sostenible no solo se trata de cómo llegamos al trabajo, sino de cómo nos movemos dentro de él. La falta de ergonomía y de descansos activos se asocia a un incremento del 40 % en el riesgo de cogerse la baja frente a trabajadores con rutinas de movimiento.
El factor psicológico: estrés y percepción de riesgo
El estudio subraya que el dolor es una experiencia biopsicosocial. Los trabajadores con altos niveles de estrés laboral —que afecta al 26% de la población— presentan una menor tolerancia al dolor físico y una recuperación más lenta.
La insatisfacción laboral y el escaso apoyo de los superiores actúan como catalizadores: una persona desmotivada tiene estadísticamente más probabilidades de convertir un dolor lumbar agudo en una baja de larga duración. La percepción de "fragilidad" o el miedo al movimiento (kinesiofobia) también son factores clave que el estudio asocia a una mayor cronicidad.
Edad, género y antecedentes
Los datos confirman que el riesgo aumenta con la edad, especialmente a partir de los 45 años, debido al desgaste degenerativo natural. En cuanto al género, aunque la incidencia es similar, las mujeres suelen presentar bajas de mayor duración, a menudo vinculadas a la doble carga de trabajo (laboral y doméstico) que impide un descanso real y efectivo.
En una sociedad donde el 90 % de los ciudadanos respalda el uso de tecnología sanitaria, el reto ahora es aplicar herramientas de monitorización y fisioterapia preventiva en las propias empresas. La inversión en prevención no solo reduce el gasto en prestaciones, sino que mejora la productividad global.
En conclusión, el riesgo de baja por dolor lumbar no se limita a "un mal movimiento". Es el resultado de un entorno físico exigente sumado a una carga mental mal gestionada. Las empresas que logren equilibrar la carga física con un entorno emocional saludable serán las que consigan reducir drásticamente sus índices de ausentismo por esta patología.
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